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Ad Astra
(James Gray, 2019)
★★★★
La mente de un astronauta también está llena de miedos

Ad Astra

El director neoyorquino James Gray abandona el thriller de sus anteriores trabajos (si no contamos la cinta Z, la ciudad perdida (2016)) para adentrarse en el drama, en la personalidad de un joven astronauta, interpretado por Brad Pitt, al que se le encomienda la misión de recuperar una nave enviada a Neptuno hace treinta años. En aquella misión, su padre era quien lideraba el equipo y desde hace 6 lustros nadie ha vuelto a saber de él.

Ad Astra es una cinta de ciencia ficción con tintes de drama, con intenciones realistas (que lo consiga o no se lo dejamos a los expertos) y que apuesta sobre todo por indagar en los personajes, en sus miedos y en sus metas.

Toda la historia se canaliza a través del personaje de Brad Pitt, Roy McBride, un militar experimentado en el espacio exterior y con una trayectoria intachable gracias a su habilidad y capacidad resolutivas y que, con los años, ha conseguido “enfriar” sus emociones para que no afecten a su trabajo. Esto le ha traído consigo una vida solitaria, en donde casi constantemente se analiza su pasado (la relación con su mujer, con sus padres…).

Gray relata el viaje de McBride hacia Neptuno con toques realistas, siempre en tono serio sin demasiadas excentricidades estéticas, pero manteniendo los pies en la Tierra. A nivel técnico la cinta tiene pocas taras, todo está muy bien estudiado y realizado con mimo, para que la inmersión en la historia sea la máxima.

Hay dos elementos importantes en el desarrollo a nivel narrativo, que convierten a Ad Astra en una película a tener en cuenta. Por un lado su sonido. Gray ha tenido muy en cuenta este aspecto técnico y dota a diversas secuencias de un sonido potente, o de su ausencia, para enfatizar más la sensación de vacío, algo similar a lo que pasaba en Gravity (Alfonso Cuarón, 2013).

Brad Pitt.

Por otro lado el elemento interpretativo. No ha querido descuidar no sólo el apartado técnico sino también el artístico, dejando como protagonista absoluto a un Brad Pitt solitario, dubitativo y temeroso de que el reencuentro con su padre no sea lo que ha soñado. Por que en el fondo ni siquiera los hombres/mujeres más preparados/as son ajenos al miedo. Es algo innato, incapaz de eliminarse de nuestra naturaleza humana.

Pero el principal problema de Ad Astra se enclava en su tramo final. No ya por el hecho de que la historia se conduzca de forma muy dirigida -ya sabemos hacia donde conduce todo y como va a terminar, porque es necesario para el propósito de la cinta- sino porque al final uno se responde con cosas mucho más sencillas que las que el propio Gray muestra en pantalla. Y nos deja un final tan flojo que tenemos la sensación de que lo que termina podría haberse contado sin tanta dilación y de que el final no resulta tan sorprendente como uno se espera.

Pero igual que hablamos de sus “peros” también podemos seguir hablando de sus alabanzas. Escenas tan espectaculares como su arranque o la persecución en la Luna (por unos “terroristas” cuyo fin no termina de estar muy bien explicado) parecen eclipsar en ese lado, cualquier falta que podamos encontrarla.

No obstante, Ad Astra, sin ser perfecta, es una cinta muy recomendable (quizá de ritmo pausado, por lo que exige), una historia que no llega a conmover pero que permite seguir disfrutando de Brad Pitt como estrella absoluta. Gray sigue guardando por momentos ese pequeño componente de aventuras que tanto ha gustado en Z, la ciudad perdida (2016), pero siempre sin descuidar a los personajes, partes esenciales en una historia de este tipo.