Alien: Covenant
Alien: Covenant ● 2017 ● USA-Reino Unido-Canadá-Australia-Nueva Zelanda ● 2h 02min
”Ni Scott es el mismo, ni los tiempos son los mismos.”
★★★★★






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Es posible que sea uno de los estrenos más esperados del año, y quizá de la carrera de Ridley Scott, autor de obras tan claves en la historia del cine como Alien, el octavo pasajero (1979) y Blade Runner (1982). Si hace cinco años retomaba la saga del xenomorfo con la discutible Prometheus, ahora regresa a aquel oscuro mundo con Alien: Covenant.

La película, continuación no inmediata de la cinta del 2012, nos cuenta la historia de la tripulación de la nave Covenant, que transporta 2000 colonos y embriones con la intención de colonizar un nuevo planea, el Origae-6. Durante el trayecto reciben una extraña señal que los lleva hasta otro sistema en donde deciden investigar cual es el origen de esa señal. El descubrimiento que tienen allí tendrá un desenlace fatal.

El exagera interés (o hype, como lo llaman ahora) que ha despertado la película de Scott quizá tenga que ver con todo lo que trae detrás y con el mal sabor de boca que dejó a algunos Prometheus, película que aunque se alejaba un poco del género original de Alien, tenía una factura muy correcta y la historia lograba entretener.

El problema ha venido cuando con esta Alien: Covenant, se espera algo más. Y Scott nos ha dado una cinta que, sí con un aspecto visual prácticamente impecable y un nivel técnico de altura, pero con una historia demasiado convencional para lo que se le exigía al británico.

Partiendo de la base de que innovar en una saga tan longeva como ésta resulta muy difícil, Scott parece haber tirado por la calla de en medio y apenas se arriesga en mostrarnos algo realmente nuevo y/o sorprendente. Coge algunas escenas de la película original y las traslada a este nuevo ambiente. Incluso la banda sonora de Jed Kurzel aprovecha momentos de aquella partitura de Goldsmith y se apropia de ellos.

A día de hoy no debería pillarnos por sorpresa. Vista la trayectoria de Scott en sus últimos años, esperar que este Alien: Covenant fuera la panacea de la saga, resulta cuanto menos ingenuo. Todo ha evolucionado, ya no sólo él como director, sino el público, la forma de contar las cosas o la técnica. En este aspecto Alien: Covenant supone una pequeña evolución en la saga.

Aunque cuidado, no estamos hablando tampoco de una cinta sobradamente novedosa, porque seamos sinceros, no lo es, pero si tiene algunas escenas en las que se aprecia cierta intención por llevar al personaje y a los humanos, un pequeño paso más allá.

La cinta, al igual que ya hacía Prometheus, mezcla en buenas medidas, dosis de acción (ese primer final de rescate es, simplemente espectacular), con matices de terror, un terror que a día de hoy, poco o nada sorprende. No es el mismo terror que hace veinte años, por lo que tampoco podemos esperar mucho.

La película avanza sola, con poca densidad, planteando las situaciones de forma clara, con unos correctos actores entre los que brilla (como era de esperar) Michael Fassbender, en una encomiable labor interpretativa, que tampoco está exenta de escenas un tanto de relleno. En el fondo uno parece vislumbrar en él, pequeños toques de esos robots que querían ser humanos que ya retrató en la magistral Blade Runner (1982).

Alien: Covenant es una película entretenida, con un acabo especial, y con una historia que, sin plantearnos muchos dilemas, consigue tenernos enganchados en las dos horas de duración. Algunas cosas chirrían (sobre todo cosas de montaje, y pequeños detalles sobre el xenomorfo), quizá el planteamiento es demasiado evidente (muy clásico en la saga), pero la película no se puede negar que es un buen producto contemporáneo.

A nivel de historia, la película introduce novedades que, en algunos momentos, pueden confundirnos con lo que hemos visto en películas de la saga posteriores, sobre todo en relación a la creación de la criatura. Quizá en un futuro y con una película más de unión hasta llegar a la cinta del 79, puedan explicarnos mejor estas cosas.

Mientras tanto podemos dejarnos llevar por su historia, muy sencilla, clásica y que nos mezcla muchas cosas, todo ello culminado con un final de muy poco bombo y platillo.