Alita: Battle Angel
★★★★★
"Un entretenimiento visualmente espectacular. No busca otra cosa"

Alita: Ángel de combate (Robert Rodriguez, 2019)

Mucho ha llovido desde que el mexicano Robert Rodriguez dirigiese El mariachi (1992), cinta de muy bajo presupuesto que fue un éxito en los Estados Unidos y que abrió a este cineasta, las puertas en Hollywood. Atrás queda su etapa más infantil, con la saga Spy Kids, o algunas de sus películas más laureadas, como Abierto hasta el amanecer (1996) o Sin City: Ciudad del pecado (2005), adaptación de la novela gráfica de Frank Miller, cuya secuela Una dama por la que matar (2014), apenas tuvo repercusión y promoción en España.

Ahora hereda un proyecto que hace más de 15 años empezó a desarrollar James Cameron. Su apretadísima agenda ha hecho que recaiga en Rodriguez, reservándose él mismo las labores de guión y producción.

Alita: Ángel de combate, nos traslada a un futuro en donde los cyborgs y humanos conviven en una idílica armonía. Un día, un doctor encuentra parte de un cyborg al que le da un cuerpo y lo trata como si fuera su hija. Los recuerdos aflorarán y hará lo que sea por descubrir quien era y cual era su propósito. Todo en una sociedad marcada por las clases sociales y una enorme desigualdad.

Rodriguez se ha enfrentado a dos desafíos. Por un lado manejar el mayor presupuesto de su vida (alrededor de unos 170 millones de dólares). Un dinero que, sin duda, luce espectacularmente en la película. A nivel visual pocas pegas podemos ponerle. Tantos los efectos digitales como los prácticos son impresionantes, así como la ambientación y el diseño de producción. Todo está cuidadosamente detallado para crear un mundo, una época y un tiempo.

Por otro lado, Rodriguez se enfrentaba a un proyecto complejo, que requerirá (como ya dijo Cameron en su día), de al menos dos películas más. Y es que la historia de Alita: Ángel de combate resulta, a simple vista, bastante sencilla y que, a día de hoy, no sorprende demasiado.

Para dar vida a la protagonista, se ha escogido a Rosa Salazar, actriz que hemos visto en la saga El corredor del laberinto, y que aquí da vida a la joven Alita. Un personaje que evoluciona durante toda la película en busca de quien es. Este es, sin duda, el planteamiento de la cinta, la búsqueda de la identidad propia y el descubrimiento del mundo a través de los ojos (enormes y retocados digitalmente) del personaje de Alita.

Christoph Waltz, Jennifer Connelly, Ed Skrein o Mahershala Ali, rellenan un reparto en el que chirrían pocas cosas. Quizá la que más es la presencia de Keean Johnson, que da vida a un joven rebelde que sirve de unión entre Alita y el mundo real. Esa especie de historia romántica entre ellos, no termina de convencer y resulta forzada, previsible e incluso molesta en algunas partes.

Alita: Ángel de combate es una película hecha para entretener, no busca otra cosa y Rodriguez lo consigue, poniendo al servicio de la historia, una producción muy notable, unas escenas de acción potentes, y un reparto con cierto peso.