Aquaman
★★★½
Larga, llena de excesos... pero sobre todo un buen entretenimiento.

Aquaman (James Wan, 2018)

No hay duda de que la fórmula que Disney ha utilizado para hacer caja con las adaptaciones MARVEL, es la misma que sigue la gente de Burbank para sus versiones en cine de los personajes de DC Comics. Salvando las diferencias, está claro que el éxito de una u otra, depende siempre de dos factores, por un lado, el factor fan y por otro lado una buena promoción, lejos de que la cinta sea buena o mala, puesto que ni MARVEL tiene obras maestras y DC tampoco.

Pero al aplicar esta fórmula, hay que tener claro al menos que existe cierto interés por parte del público, de acercarse a la historia que vas a contar, a los orígenes del personaje en el que te vas a centrar. Y por supuesto hay que contar con una dirección solvente, sólida y con experiencia en dar al respetable, lo que pide.

Parecía que Warner tenía a Zack Snyder como estandarte en la dirección de su particular “DC Universe”, pero tras los desacuerdos que surgieron con Liga de la Justicia (Zack Snyder, 2017), y la finalización de la misma por parte de Joss Whedon, no quedó claro que Snyder fuera a seguir siendo el responsable de más títulos. Y así ha sido, tras hacerse público que Matt Reeves se hacía cargo de una nueva película sobre Batman, se apuesta por James Wan para traernos los orígenes de Arthur Curry, o lo que es lo mismo Aquaman.

Curry es un semidios, hijo de la diosa Atlanna y de un humano. Su destino es heredar el trono de Atlantis, pero ciertas desavenencias con su hermano le “destierran” a la Tierra, vagando por el mundo y ayudando a los necesitados. Pero la crisis bajo el agua, que amenaza con poner en peligro los océanos, le lleva a aliarse con Mera para instaurar el orden y convertirse en el rey que siempre debió ser.

James Wan no es precisamente un director de blockbusters, pero si que sabe perfectamente cómo darle al público lo que quiere. Sus éxitos (con Warner, claro) dentro de la saga Expediente Warren o Insidious, le han consagrado como una garantía para la taquilla. Una garantía que, hasta la fecha sólo era segura en el género de terror, pero que ahora se destapa como un director solvente para el cine espectáculo de superhéroes.

Jason Momoa y Amber Heard.

Y es que Aquaman parece haberle dado a Warner y a los fans de DC, justo lo que querían una cinta sin complejos, que se toma en serio cuando debe hacerlo y, sobre todo, que tiene el entretenimiento como principal objetivo. Algo que parece haber llegado tarde a Warner, pero que no es, desde luego, un impedimento para alabar las cosas buenas que tiene la película.

Jason Momoa encabeza un reparto un tanto desigual, eso sí. Brillan nombres como Willem Dafoe… y ya. El resto de secundarios están correctos, en papeles en donde tampoco se les exige una interpretación maestra. Resuelven y tienen la presencia necesaria por lo que son los principales instrumentos con los que cuenta la película para encandilar al público, al menos a nivel interpretativo.

Donde tampoco termina de despegar es en lo referente al villano. La película adolece de la misma enfermedad que MARVEL, ese toque tan «light» que siempre tienen. Hace falta un aunténtico villano. Aunque no debemos dejar pasar el trabajo de Patrick Wilson.

Wan ha optado por cierto barroquismo en la estética, por exagerar algunas escenas, sobre todo las escenas de batalla, donde hay una mezcla de muchas cosas y que, en ocasiones, provoca cierto desconcierto. No obstante, y reitero, a nivel estético, la cinta cumple sobradamente con lo que se le pide a un producto de este tipo y, teniendo en cuenta, todos los antecedentes que hay.

Aquaman no ahonda en temas muy profundos, la verdad. Su sencilla historia transcurre, narrativamente, fluida sin resultar demasiado densa, aunque si es verdad que la cinta, a grandes rasgos, puede hacerse un poco larga.

Wan ha dado un primer y buen paso para Warner y su “DC Universe”, hacer una cinta entretenida y resultona, que tiene elementos muy comunes que la conectan prácticamente con todos y que además no aspira a mucho más. Es un primer buen paso y sin duda marca el buen rumbo que Warner debe seguir y que, no olvidemos, también dio un buen paso con Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017).