Red Riding Hood ● 2011 ● USA-Canadá ● 1h 40min
★★★★

Caperucita Roja

Fallida adaptación o reinvención (según se mire) del cuento clásico. Catherine Hardwicke parece haberse llevado a su terreno una historia que bien podría haber logrado algo más de consistencia y de novedad, sin embargo se va por lo fácil.

Trasladar un cuento tan clásico e inocente como Caperucita Roja a la gran pantalla, puede dar como resultado o una obra ñoña y sin alma, o una cinta valiente e interesante. Si mezclamos ambas cosas obtenemos una aproximación a lo que nos encontraremos en la sala. Y es que a pesar del esfuerzo de su realizadora, la historia de esta Caperucita Roja se desvía y termina yéndose por senderos demasiado convencionales que no le van a la historia.

Caperucita Roja nos coloca en un pequeño pueblo de montaña en medio de un oscuro bosque. Allí vive Valerie (Amanda Seyfried) cuyo matrimonio acaba de arreglarse con uno de los hijos de los ricos del pueblo, aunque ella en realidad quiere a otro hombre. Tras la muerte de su hermana a manos de un hombre lobo, el pánico se extiende por las casas y Valerie decide fugarse con el hombre a quien realidad ama. Para evitar más muertes, se decide contar con un experto cazador de hombres-lobo, el Padre Solomon (Gary Oldman).

Catherine Hardwicke sabe explotar, hasta sus consecuencias, cualquier texto que se le ponga por delante. Ya lo hizo con Crepúsculo y aquí toma el referente del cuento clásico y lo lleva hasta su propio terreno para crear una película que tiene más cosas en contra que a favor. Y es que para muchos el mero entretenimiento con Caperucita Roja no es más que suficiente, a pesar de que también sabíamos a lo que veníamos.

Hay muchos factores que han hecho que el interés en esta Caperucita Roja haya mermado tras su paso por las salas este primer fin de semana. Precisamente su intención de hacerse un hueco en la seriedad de su trama es lo que la resta interés. Eso sí, el envoltorio de todo esto está bien presentado, pero no sirve finalmente para convencer a la platea, que busca historias algo más sostenibles, series y, si cabe, más originales.

Caperucita Roja no llega a cuajar, hasta produce ciertas risas de vergüenza ajena (no puedo quitarme de la cabeza esa especie de “rave” medieval con un baile tan absurdo como ridículo), cuya finalidad no llega ni siquiera a explicarse. Parte de la culpa la tiene un reparto joven e inexperto en lides de tramas con sustancia. Todos ellos cuasi modelos, y además con la ¿lacra? de que parece que viven por su físico. Si Hardwicke no ha tomado parte en su selección, quizá debería dedicarse a otros menesteres. Ni siquiera las presencias de Gary Oldman o Julie Christie logran arrojar luz a toda esta oscura propuesta.

La puesta en escena y la producción son más que correctas (muchos planos “de postal”), que menos para una producción de esta categoría, pero no es suficiente a la hora de valorar el conjunto en general. Es una pena porque hay material para hacer una Caperucita Roja seria y en serio, en vez de tomar modas e intentar hacer una obra de referencia para el público adolescente.

Cinta infame que no destaca precisamente por su calidad cinematográfica. Si logra entretener al menos habremos dado un pequeño paso para la taquilla, pero poco más, porque tampoco se le puede exigir más a una producción destinada para su rápido consumo. Sólo esperemos que las próximas decisiones de Catherine Hardwicke la desvinculen de ese género tan agarrotado en estos tiempos como es el que parece profesar. Siempre nos quedará la visión de Neil Jordan para saborear este cuento desde un punto de vista más serio (En compañía de lobos (1984)).