Chernobyl

Chernobyl (Craig Mazin, 2019)
Una enfermiza y aterradora reconstrucción de obligada visión
★★★★★
recomendada

Abril de 1986, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Chernóbil y a pocos kilómetros de Prípiat (ciudad que se creó exprofeso para la construcción de la central nuclear) una fuerte sacudida pone en alerta a los habitantes de la zona. En pocos momentos se desata el caos cuando se da la noticia de que el reactor número cuatro. A partir de entonces se suceden una serie de acontecimientos para intentar paliar los daños, pero la radioactividad es implacable.

Sobre este accidente se han escrito multitud de libros, se han hecho un buen puñado de documentales, e incluso alguna película se ha inspirado en aquel fatídico incidente. Pero lo que se ha hecho en la serie de Craig Mazin, en ocasiones roza el detalle casi enfermizo por uno de los acontecimientos históricos más importantes del siglo pasado.

Mazin contó con diversos testimonios de supervivientes de la tragedia para ir construyendo los alambres de esta magnífica miniserie de cinco episodios (un total de cinco horas y media) en donde se nos cuentan los meses posteriores a la explosión. Cada episodio tiene la habilidad de centrarse en un o dos aspectos importantes que sucedieron tras el desastre, pero en su conjunto hay varias líneas argumentales con su principio y desenlace.

Jared Harris.

Lo que más llama la atención de Chernobyl es su cuidada puesta en escena, prácticamente desde los primeros minutos. Asistimos a una producción en donde se ha puesto especial atención a una ambientación lograda, a una textura de la imagen desaturada que, en ocasiones, roza lo sucio, muy acorde con lo que se nos está contando.

Johan Renck se ha encargado de dirigir todos los episodios, siempre escritos por Mazin. Renck ya tenía experiencia en el mundo televisivo con episodios de series como Breaking Bad (2009) o Vikingos (2013), además de una larga trayectoria como director de vídeos musicales. Aunque aquí la temática y la narrativa son absolutamente diferentes, su dirección, concisa y sobria, marca un estilo muy particular en cada uno de los episodios.

Prácticamente todo lo que rodea a la atmósfera de Chernobyl es terrorífico. El campamento que se creó cerca de la central, la gente que tuvo que huir de la ciudad de Prípiat, la terrible historia de Lyudmilla a quien no le importó contaminarse con la radiación con tal de poder estar junto a su marido, o el episodio en donde “los liquidadores” han de acabar con los animales domésticos que han quedado en Prípiat (simplemente terrible). Todo ello contado con una seriedad y concisión, bastante apabullantes.

Stellan Skarsgård.

Jared Harris, Stellan Skarsgård o Emily Watson son quizá los rostros más internacionales y conocidos de Chernobyl. Todos ellos están absolutamente creíbles, aportado ya no sólo el empaque de gran producción, sino una verdadera credibilidad en sus roles, sobre todo Harris, dando vida a Valery Legasov, uno de los principales investigadores sobre el incidente y miembro del comité de investigación.

No estamos ante una serie que se recree en el morbo o con cierta violencia injustificada, y tampoco se regocija en lo escabroso. Hay ese tipo de elementos porque es inevitable si uno se quiere ceñir a la realidad.

Una serie que habla de los sacrificios, que no deja en muy buen lugar la gestión de la antigua unión soviética sobre el suceso (de hecho, Rusia ya ha hecho su particular serie sobre el suceso), y una serie con multitud de detalles y con una veracidad y crudeza que hasta incluso resulta un homenaje a todas las víctimas.

Chernobyl.

Un suceso terrible que debería hacernos aprender unas lecciones y un trabajo impecable de Mazin y todo su equipo. Realmente una serie imprescindible.

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