5 metros cuadrados
5 metros cuadrados ● 2011 ● España ● 1h 26min
”Es un cine que, cuando se pone sabe perfectamente hacerlo bien.”
★★★★★






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Mezclar realidad con el cine y tener como resultado una cinta de corte social, parece algo patrimonio de nuestra “industria” cinematográfica. Nombres como Fernando León de Aranoa o Jaime Rosales se han asegurado en la historia del cine español, un hueco como retratistas de una sociedad en la que a veces uno se siente extraño.

5 metros cuadrados cuenta la historia de una pareja, Álex y Virginia, dos jóvenes (o eso quieren hacernos parecer) que tienen todo listo para que después de su boda, puedan irse a vivir a una casa de ensueño. Una casa de la que sólo conocen un plano. Cuando ha empezado a construirse, la obra se para y parece que su sueño podría desvanecerse, pero Álex no está dispuesto a rendirse.

El realizador madrileño Max Lemcke vuelve a tocar al ser humano como eje central de una historia. Ya lo hizo en Casual day (2008) y con esta nueva cinta deja clara su obsesión por el hombre, su relación con la sociedad y, sobre todo, con situaciones que le ponen al límite, como a él le gusta.

5 metros cuadrados viene a ser una pequeñísima parte de lo que se ha estado moviendo en España durante los últimos años, un retrato sobre un lamentable fenómeno que, incluso a día de hoy, no deja de sorprendernos y, por supuesto sigue sangrando a muchísimas familias. Lemcke lo retrata con sumo realismo sin llegar al cine espectáculo, pero tampoco denuncia en demasía, cosa que incita a pensar que el cineasta no se ha arriesgado mucho. En algunos aspectos, se presenta una cinta algo contenida, como con falta de algo más de chicha.

Y es que se trata de un tema que da para mucho. Un tema que tiene a Fernando Tejero como eje central, con una interpretación dentro de su particular estilo (no parece tener muchos registros) y que casualmente comparte protagonismo con Malena Alterio, compañera de reparto en la exitosa serie de televisión Aquí no hay quien viva (sí, de nuevo Tejero y las casas).

La soledad, la impotencia, la corrupción (muy de pasada), la desesperación (le falta más fuerza al personaje) y un casi descafeinado desenlace, no hace tampoco ensombrecer todo el ejercicio, revelador de un cine que cuando se pone, y tiene buena base, sabe muy bien cómo hacer las cosas. Mención especial los secundarios, a los que casi no hace falta guiarlos.

La película es un deambular, un escaparate más que un viaje de su personaje, un enorme (y triste) mostrador de un turbio negocio que, antaño, movió millones y que hoy en día ha dejado igual cantidad, eso sí, no precisamente de euros. La lucha del personaje principal por lo que es suyo, está muy bien retratada, con etapas diferentes que parecen ponerle trabas allá por donde pasa, e incluso llevarlo hasta el límite, aunque sinceramente, con cierta indiferencia.

Y es que uno de sus principales “peros” reside en la escasa transmisión que Tejero realiza de su personaje. Quizá demasiada comedia le haya convertido en un actor al que apenas podemos cogerle compasión, lástima, nos podemos encariñar con él. Al menos 5 metros cuadrados sirve para demostrar que suceden muchísimas cosas de las que a veces no somos testigos.