Fury ● 2014 ● USA-China-Reino Unido ● 2h 14min
★★★★★

Corazones de acero

Brad Pitt ha dejado claro en más de una ocasión, que se siente bastante cómodo como productor, apostando siempre, por proyectos no ya sólo que le parecen interesantes, sino que tienen algo más de injundia que la mayoría. Muestras de su habilidad a la hora de escoger títulos: Infiltrados (Martin Scorsese, 2006), Kick-Ass – Listo para machacar (Matthew Vaughn, 2010) o 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2014) por la que ganó su primer Oscar. Corazones de acero, que cuenta igualmente con él detrás de la producción, quizá se aleja algo más de lo “exclusivo” y se aproxima más a una cinta del montón.

La película nos cuenta las andanzas de un pelotón del ejército norteamericano en la Segunda Guerra Mundial, a bordo del tanque “Fury”. Una nueva misión les trae consigo el reemplazo de un compañero caído, y se trata del inexperto Norman, un joven adiestrado para la mecanografía que deberá madurar con la ayuda del duro líder, Don “Wardaddy” Collier.

Tampoco es necesario volver mucho la vista atrás para darse cuenta de que David Ayer, responsable de su dirección y de su guión, ha tomado ciertas inspiraciones en otros títulos, para realizar su quinto largometraje como director. Tampoco es que la historia sea precisamente un alarde de originalidad, más bien estamos ante una cinta algo descompensada en ese aspecto, donde las partes que tratan de removernos por dentro, flojean ante el espectáculo visual. No es una cinta de acción, pero el drama que debería tener, tampoco llega a la altura de lo que se espera.

Brad Pitt (en uno de sus papeles más serios), Shia LaBeouf, Michael Peña (con quien ya trabajó Ayer en Sin tregua (End of Watch) o Jon Bernthal (el Shane Walsh de la serie The Walking Dead), apoyan al auténtico protagonista de la función, el joven Logan Lerman. Lerman, a pesar de no tener una extensa carrera cinematográfica, ha sabido escoger buenos proyectos, pero desgraciadamente en esta ocasión, no logra superar al resto de secundarios. Eso sí, su interpretación, al menos, es mucho más que aceptable para lo que se le ha escrito.

Corazones de acero no acentúa especialmente nada, no pone énfasis en demasiados aspectos de su historia y, a grandes rasgos, es una cinta bastante típica. El nivel técnico es bastante bueno y el interpretativo cumple al menos con lo mínimamente exigible.

Pero tras su historia, queda una truncada, una que podría haberla convertido en mucho más película. El viaje del joven Norman (Lerman) por la guerra, su madurez como soldado, y el aprendizaje entre lo que es ser un soldado y ser una máquina de matar, quizá habría sido mucho más interesante si el guión de Corazones de acero se hubiera centrado en algo más concreto y no en divagar entre tanta batalla y pelotón, cuyas escenas tampoco destilan precisamente mucho interés.

Aun con todo eso, Corazones de acero es una película amena, con cierta crudeza (para lo que se nos cuenta, claro) y con una historia que, con algo menos de metraje (sobre todo en su dilatado tramo final), nos habría dejado con un mejor sabor. Aun así, y viendo lo que se estila en Hollywood, resulta reconfortante saber que todavía, la Segunda Guerra Mundial sigue teniendo tirón en la industria cinematográfica.

Una película que apenas se postula (tampoco es su cometido), sino que muestra en forma de escaparate, la crudeza de la contienda, y el cómo el ser humano, es obligado a veces a tomar decisiones duras, en los momentos de desesperación.