Cowboys & Aliens
Cowboys & Aliens ● 2011 ● USA ● 1h 58min
”Un espectáculo vacío, pero digno para una tarde aburrida.”
★★★★★






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Jon Favreau, antaño director de la refrescante (aunque para algunos sobrevalorada) Iron Man (2008) y secuela, se ha encargado de la adaptación del cómic de Scott Mitchell Rosenberg a través de un guión bastante facilón, obra de un equipo de guionistas habituado a escribir auténticos “rompetaquillas” como son Roberto Orci, Alex Kurtzman (ambos de la saga Transformers), Mark Fergus, Hawk Ostby (ambos de Iron Man) y Damon Lindelof (el cómplice de J.J. Abrams en muchas de sus producciones). Y el resultado es básicamente ese, escribe lo que sabes y obtendrás lo que quieres, por lo que Cowboys & Aliens no deja de ser un producto para consumo rápido en estos día de verano tan inestables (meteorológicamente hablando).

Cowboys & Aliens está protagonizada por un hombre (Daniel Craig) que se despierta en mitad de la nada con la única pista de un misterioso brazalete en su brazo izquierdo. A partir de ese momento y tras su llegado al desolado pueblo de Absolución, una serie de sucesos cambiarán su vida. Una noche, mientras es trasladado en una diligencia, sufre el ataque de unos misteriosos seres que no son de este planeta. A partir de aquel momento deberá aliarse con el impasible Woodrow Dolarhyde (Harrison Ford) para intentar poner fin a lo que podría ser el inicio de la extinción.

Mezclar churras con merinas no es sano (o eso dicen), y hacer lo propio con dos géneros tan dispares como el western y la ciencia ficción, también tiene un riesgo que hay que correr. Jon Favreau lo sabía pero ha sido listo y con el equipo que ha tenido detrás, lo ha sabido manejar de una forma muy acertada. Y es que Cowboys & Aliens, sin perder los clichés del western tambien es una cinta de ciencia ficción, aunque más bien de poca.

Una de las muchas carencias, es la de unos personajes por los que el espectador muestre cierto interés y/o simpatía. La verdad es que son como una especie en extinción en esta película. No es que caígan todos mal, pero el interés es nulo o nada, salvando algunos honrosos ejemplos como el propio Ford o Sam Rockwell, cuyo carisma siempre es de agradecer en cualquier papel que interprete. No faltan tampoco ingredientes básicos y fundamentales de una película de acción, más o menos, contemporánea. Hasta ahí, y como era de esperar, Favreau ha hecho los deberes.

Pero si intentamos convertir esta fantochada en un gran “blockbuster” la cosa no llega para tanto. Cowboys & Aliens sabe de sus limitaciones como producto de taquilla. No puede competir durante mucho tiempo y al final las pilas se le agotarán de una forma casi vista y no vista. La fórmula utilizada funciona, redención, buen rollo entre personajes, niño que quiere ser adulto, chica misteriosa, alienígenas que no salen hasta casi el final… todo eso funciona, pero señor Favreau, esto ya lo hemos visto muchas veces, podría al menos haber contado algo de una forma diferente.

No vamos a mandarle al rincón directamente, al menos le daremos una oportunidad de explicarse, de por qué con una historia que, a priori (repito, a priori) se planteaba original, ha convertido la función en un espectáculo vacío pero digno para una tarde aburrida en la que sólo queremos pasárnoslo bien, en donde no nos interesa la historia de Daniel Craig, sino que desde el primer momento, queremos que los duros y rudos vaqueros se peleen con los alienígenas. Cuando esto pasa por la mente del espectador, hemos fallado en nuestro intento (o no, para Favreau).

Aún con todos estos “peros” Cowboys & Aliens es, al menos, entretenida dentro de la justa medida en la que se permite serlo. Desperdiciar en pantalla a Harrison Ford no es de recibo (tampoco lo es quizá el que se haya prestado a ello), pero al menos podemos apreciar uno de sus papeles como secundario. El resultado no convence del todo, pero pasará a su filmografía como una cinta menor, seguramente, de no ser por aquellos que la defiendan a capa y espada y, sobre todo por la presencia de todos esos nombres en su reparto. Lástima que le falte algo para ser mucho más de lo que es.