Dallas Buyers Club
Dallas Buyers Club ● 2013 ● USA ● 1h 57min
”Una de las cintas más intensas en lo que llevamos de año.”
★★★★★






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Quizá no muy conocido a nivel de un público más generalista, el director canadiense Jean-Marc Vallée nos traslada hasta la época de los ochenta, donde irrumpió con crudeza y dureza, una de las enfermedades más importantes de la historia. Dallas Buyers Club nos acerca a una de esas historias que, de alguna forma, supieron afrontar el SIDA desde otro punto de vista.

Nos encontramos en Dallas, a mediados de los ochenta. Ron Woodrof es un hombre que vive al límite. Sexo, drogas, apuestas, timos… su vida es un completo caos. Un accidente en su trabajo le revela que tiene SIDA. A partir de ese momento, su vida cambiar y su forma de ver la enfermedad también. Tiene 30 días para poner sus cosas en su sitio.

Para muchos, la historia de Ron Woodrof es, cuanto menos, bastante desconocida, así como todo lo que rodeó sus últimos años de vida, dedicados a desmantelar (desde su particular lucha) el sistema farmacéutico que se montó con la salida de medicamentos que, supuestamente, curaban en SIDA, tales como el AZT o el Interferon. En este aspecto, la cinta deambula por una serie de personajes que giran todos en torno al interpretado de forma muy notable por Matthew McConaughey, cuyo rol en esta cinta es sin duda el papel de su vida.

A pesar de contar con una filmografía plagada de más cintas olvidables que memorables, McConaughey literalemente fagocita a Woodrof y se transforma (ya no sólo físicamente) en él durante las casi dos horas de metraje. Su ejercicio interpretativo supera incluso a otras grandes figuras cinematográficas que, en su día, también se pusieron detrás de la piel de personajes similares. Quizá el elemento real de la historia, sea lo que realmente haya movido al protagonista de Sahara (2005, Breck Eisner) a meterse en el papel como pocas veces se ve en el cine.

Afortunadamente para él (y para el público), no está solo en este periplo. Le acompañan una serie de secundarios que siguen a la altura que necesita un personaje como el suyo. Véase Jared Leto, a quien hacía unos cuantos años que no veíamos (desde Las vidas posibles de Mr. Nobody (2009, Jaco Van Dormael)) y cuya transformación también supone un verdadero desafío para él. Tanto su papel como el del protagonista, son, sin duda, dos elementos que ya hacen que merezca la pena echarle un vistazo a Dallas Buyers Club.

Pero no sólo de la historia real vive la cinta. Si que es verdad que juega en un terreno bastante fácil y que tiene elementos muy susceptibles de ser utilizados para manipular al espectador. Vallée no cae en la trampa y deja automáticamente atrás, la idea de utilizar un drama conmovedor para centrarse en la auténtica lucha de su protagonista. Dallas Buyers Club no reacciona simplemente a estímulos, sino que se encarga de potenciar los elementos más interesantes de la historia y los expone sin atreverse quizá a postularse (no es necesario, igualmente).

No tenemos villanos o héroes en este drama. Ni Woodrof, ni las farmacéuticas, ni siquiera el personaje de Leto son héroes o villanos, sino que tienen esa especie de doble moral en donde son capaces de ofrecer y aprovecharse al mismo tiempo. El pulso con el que el guión (de unos casi debutantes Craig Borten y Melisa Wallack) mantiene a todos los personajes en esta pequeña línea roja, también es digno de tener en cuenta.

Dallas Buyers Club es una cinta un poco dura, es un drama que, de tener protagonistas con menos presencia, quizá caería en un telefilme de sobremesa. Pero gracias a su notable factura (sobria y efectiva), a su espléndido reparto y a su dirección, la han convertido en una de las cintas del año.