Dead Man Down ● 2013 ● USA ● 1h 50min
★★★★★

Dead Man Down (La venganza del hombre muerto)

La historia engancha, pero el guión no convence.

Tras su paso por la saga Millennium, la actriz Noomi Rapace repite con el director de la primera entrega en este thriller sobre venganzas en donde no parecen tomarse mucho las cosas en serio. Quizá su principal pega sea un guión con ciertos momentos algo inefables. El ejercicio en cuestión es entretenido pero más próximo a un telefilme que a una cinta de calidad.

Ya la hemos visto en otra ocasión trabajando para Hollywood. Guy Ritchie y sobre todo Ridley Scott (en Prometheus (2012)) han sido sus padrinos en la meca del cine. Su entrada fue triunfal y ha demostrado saber muy bien lo que se hace. Pero la carrera de Noomi Rapace, como la de cualquier actriz ha tenido su primer altibajo y además de la mano del director que le ofreció su gran oportunidad, Niels Arden Oplev, director de la primera entrega de la saga Millennium, su lanzamiento como actriz internacional. Y es que su rol en esta Dead Man Down (con el subtítulo de La leyenda del hombre muerto) deja bastante indiferente a cualquiera, dando la sensación de que se trata de un papel que podría haber interpretado cualquiera.

Rapace interpreta a una joven atormentada, que vive en Nueva York y que decide entablar una relación con un vecino, un misterioso hombre que lleva una doble vida como asesino a sueldo de un mafioso. Ella es testigo de uno de sus “trabajos” y le ofrece silencio a cambio de que elimine al hombre que la arruinó la vida. Entre ambos empiezan a surgir ciertos sentimientos que ablandan su duros y rotos corazones. Pero en realidad ambos buscan lo mismo.

Cuando uno ve Dead Man Down (La venganza del hombre muerto), le da la sensación de que algunos aspectos del guión no se han pulido demasiado. La historia está bien construida, pero ciertos aspectos no parece explotar al máximo ésta. Eso sin contar el desenlace, bastante pobre para todo lo que Oplev ha montado previamente, un interesante thriller que poco a poco va generando interés, pero que desgraciadamente se queda ahí.

A nivel interpretativo, tenemos a Colin Farrell bastante más comedido de lo normal, aunque repite gestos que ya hemos visto en otros trabajos suyos. No es un actor de demasiados recursos, pero es solvente y eso parece valerle a Oplev. Su desarrollo como personaje es aceptable a pesar de algunas trabas que, como comentamos, son principalmente por un guión que no se toma en serio la trama.

Su partenaire, Noomi Rapace también hace lo que puede dentro de una cinta algo anodina. Un papel de manual en donde podríamos haber visto otra actriz que nos hubiera dado lo mismo. Ver a Isabelle Huppert en estos embrollos, sinceramente nos descoloca, lo mismo que ver a Terence Howard. Pero al menos sus presencias como secundarios se agradecen y aportan a la película algo más de calidad.

Oplev ha dirigido con solvencia y sobriedad un buen thriller, con una buena historia, pero no ha sabido conjugar con acierto el guión. Puede que un desenlace más efectivo, más intenso y menos previsible, podría haber salvado el resto. Otro de los elementos interesantes a salvar es la ambientación, que dota a la película de un halo caótico y degradado, que le va muy bien a los personajes, unos auténticos despojos de la vida, cuyo sufrimiento e injusticia parecen justificar la trama.