Get Out ● 2017 ● USA ● 1h 44min
★★★★★

Déjame salir

Una perturbadora mezcla de sensaciones, en una atmósfera casi artificial.

La apuesta de Jordan Peele con Déjame salir, resulta cuanto menos, llamativa, a tenor de lo que podamos saber mínimamente sobre su argumento. Peele, que debuta tras las cámaras con esta historia, consigue manejar muy bien el tempo, dejándonos en muchas ocasiones con cierto regusto al cine de antaño, a ese suspense clásico en donde el espectador es consciente de que algo va a suceder.

Déjame salir cuenta la historia de Chris, un joven afroamericano que viaja junto a su novia, Rose, a conocer a los padres de ésta. Una vez en el lugar, cosas extrañas empiezan a suceder y Chris sospecha que su nueva familia oculta algo.

Peele, que había trabajado delante de las cámaras e incluso había puesto voces a personajes de animación, se lanza a un género tan complejo como es el thriller, algo que recientemente han hecho otras estrellas de Hollywood, como Joel Edgerton, con El regalo (2015). En esta ocasión Peele también opta quizá por lo más fácil, crear un ambiente y hacer partícipe al espectador de lo que sucede, siempre manteniendo una extraña sensación de inquietud y desasosiego.

Déjame salir juega muy bien sus cartas. Para ser una opera prima, lo cierto es que Peele se ha desenvuelto bastante bien en la historia, proponiendo personajes muy sencillos con poca profundidad, eso sí, pero sencillos y con los que resulta fácil empatizar, sobre todo su protagonista.

Parte de ello tiene la culpa Daniel Kaluuya, a quien vimos en Sicario (Denis Villeneuve, 2015), y que construye un personaje muy sobrio, con pequeños matices pero muy próximo a la naturalidad y realidad, algo que la propia película también busca.

Al actor, acompañan rostros bastantes desconocidos, aunque vemos por ahí a Catherine Keener o a Bradley Whitford, como sus posibles suegros, en unos roles inquietantes y oscuros, pero fundamentales a la hora de contar toda la historia.

El guión, también obra del propio Peele, es sencillo, reservándose todo el meollo para el final, con unos inquietantes 15-20 minutos en donde es imposible no ponerse en la piel del protagonista. Durante el resto de la película, nos va dejando caer pequeñas migitas, pequeños detalles para que tratemos de crear nuestra propia teoría.

La cinta mezcla varios subgéneros, todos ellos enlazados, muy bien sazonados e hilados entre si para tejer una oscura y terrible historia que en ocasiones podría despertar sensaciones casi equiparables a las que pudimos sentir con la espléndida La invitación (Karyn Kusama,2015). Hay algo que nos hace desconfiar de todos.

Y aunque hay momentos en donde la cinta parece que no avanza hacia delante, no hay que desesperar, Déjame salir sabe perfectamente hacia dónde va y cómo llegar. No es para nada una cinta pretenciosa. Bajo su historia, subyace un cierto reflejo social de la América actual, esa represión y esa idea arrastrada de la política sobre la inmigración y el racismo.

Déjame salir es una sugerente muestra de que sigue siendo posible hacer cine pequeño, barato y con buenas historias, en donde es necesario que prime un buen guión, una buena atmósfera y donde tampoco hace falta de grandes nombres para sorprender al público.

A pesar de que la película no es redonda, si que requiere sumergirse en ella desde el principio, tratar de sacar las conclusiones justas y disfrutar del espectáculo.