Divergent ● 2014 ● USA ● 2h 19min
★★★★★

Divergente

Parece que últimamente, Hollywood le ha cogido el gusto a dos tipos de superproducciones. Por un lado los cómics, y por otro lado las sagas de novelas para adolescentes. La moda de este último tipo, abierta con la saga de Harry Potter (desde el 2001 hasta el 2011), continuó con Crepúsculo (Catherine Hardwicke, 2008) y recientemente con Los juegos del hambre (Gary Ross, 2012). Divergente llega ahora para tratar de engancharnos a otra nueva saga para jóvenes, dejando claro que todas ellas tienen algo en común, y ésto es precisamente lo que las diferencia poco las unas de las otras.

Divergente nos sitúa en una Chicago futurista, donde se han creado una serie de facciones, cada una con un peso concreto en la sociedad. Pero sin saber cómo, de vez en cuando surgen los “divergentes” jóvenes que no se decantan por ninguna facción sino que son dueños de sus propias decisiones, sin que nadie las dicte por ellos. Son perseguidos por constituir un “problema”.

A pesar del flojísimo trabajo de Gary Ross en su adaptación de Los juegos del hambre (2012), es quizá quien sentó las primeras bases de estas nuevas adaptaciones de novelas para adolescentes. Esquivó sabiamente tópicos, pero no acertó en su intento de renovar el género de aventuras que, al fin y al cabo, es lo que prima en este tipo de productos. Neil Burger (El ilusionista (2006) o Sin límites (2011)) ha optado por la vía más sencilla, tratar de llegar de forma más directa al público, y de hecho lo ha conseguido con Divergente, a pesar de haber sacrificado por el camino, numerosos elementos que, cinematográficamente hablando, dejan su película como un producto bastante simple.

Vaya por delante que no conozco absolutamente nada del material original en el que se basa la cinta (las 3 novelas de Veronica Roth). Partiendo de esta base, la premisa de la historia no es precisamente algo novedoso. Si nos ponemos a sacarle el jugo, daremos con un zumo en el que se busca la necesidad del ser humano de ser justo, equitativo y compositor de una sociedad donde los valores individuales creen uno común. Sí, es utópico, pero gusta a la juventud, o al menos el éxito de las novelas así lo demuestra.

La primera entrega, Divergente, presenta de forma bastante extensa (insisto, desde el punto de vista de alguien que no se ha leído los libros) los personajes más importantes que protagonizarán la supuesta trilogía (o tetra, puesto que la última novela será, para no perder la costumbre, estrenada en dos títulos). Parte con Beatrice, interpretada por Shailene Woodley, a quien vimos en Los descendientes (Alexander Payne, 2011), en un papel que quizá sea el más profundo de todos los de la película (así sin más). Al menos tiene pasado, presente y esperemos que nos cuente algo más de lo que será. Woodley, sin ser Jennifer Lawrence o Kristen Stewart (afortunadamente), está justa en un papel que bien podría haber interpretado cualquier otra actriz de similares características.

En contrapunto, se ha optado por personajes masculinos muy dominantes, con nombres como Jai Courtney (el hijo de Willis en La Jungla. Un buen día para morir (2013)), Theo James o Ben Lloyd-Hughes o Christian Madsen, completan de forma también bastante disimulada, un reparto de secundarios que, básicamente, apoyan el trabajo de Woodley de forma correcta, ayudándola en todo momento a sentirse la protagonista. Especial mención a Theo James y a su personaje, quizá otro de los más importantes de la saga y que está, especialmente, maltratado en la película, con numerosas incoherencias que no hacen más que apoyar un guión flojo, muy previsible y con algunos momentos de vergüenza ajena.

Pero no despotriquemos tanto de Divergente, cuando también cuenta con nombres de cierto peso como Kate Winslet (casi una parodia de sí misma), Mekhi Phifer, Tony Goldwyn, Ray Stevenson o la incombustible Ashley Judd. Al menos ellos, dan cierto empaque a la película, pero que nadie espere una salvación.

Divergente es cine de consumo rápido, listo para tener éxito gracias a los lectores de las novelas, pero desgraciadamente, la cinta no crea demasiado interés, sino simplemente entretenimiento, y quizá para mucho ésto no valga, puesto que hay muchas otras maneras de entretenerse y que no duran 2 horas.