The Dark Knight ● 2008 ● USA-Reino Unido ● 2h 38min
★★★★

El Caballero Oscuro

Un nuevo y tortuoso viaje de Wayne hasta Batman.

Hay dos títulos, hasta la fecha de hoy, que marcan la fimografía de Christopher Nolan, y además los dos tienen que ver entre sí y guardan una continuidad. Hablamos de las dos aproximaciones al universo de Batman que creo el director. Siempre fiel al oscuro ambiente que acompaña a Wayne/Batman, El Caballero Oscuro es una muestra más de que es posible hacer una cinta de superhéroes, serie y con muy buenas intenciones.

La película retoma el personaje en Gotham, de nuevo. La ciudad está siendo desvalijada banco a banco por una misteriosa banda de atracadores liderada por un hombre que se hace llamar, Joker (Heath Ledger). Es un perturbado que además de tratar de dominar el crimen en la ciudad, intenta que nada ni nadie se interponga en su camino y, si es necesario, enfrentará a toda la ciudad para conseguir sus propósitos. Es hora de que entre en escena Batman.

La noche, ese momento del día en el que el superhéroe trata por todos los medios de detener al villano, de hacer el bien y de instaurar la paz en la ciudad. El Caballero Oscuro, además de llegar precedida con cierto interés por parte del respetable (ya se sabe, Heath Ledger y lo que rodea a su prematura muerte), es una interesante obra a tener en cuenta si nos ponemos puntillosos a la hora de hablar sobre el superhéroe moderno.

Y es que este nuevo Batman, sin ser un icono tan infantiloide como lo fueron quizá sus anteriores versiones en cine (sin ánimo de ofender las maravillas “burtonianas”), es ante todo un justiciero con todas las de la ley. Tanto Nolan como el personaje de Bob Kane, dejaron claro en la espléndida Batman Begins, que el murciélago tiene que ser ante todo un símbolo, una leyenda. El Caballero Oscuro es ese nuevo viaje de Wayne hasta Batman con todo lo que conlleva ser un superhéroe y, como no, un justiciero. A lo ya visto en la anterior entrega, a esta se le añaden ciertas “vitaminas” en forma de personajes, situaciones, tramas… que apoyan a que Batman nunca sea relegado u olvidado.

Su portentoso arranque sirve de llave de contacto para que El Caballero Oscuro nos mantenga en el asiento con algún que otro movimiento incómodo. Como no todo son maravillas, la cinta adolece de ciertos excesos que ni Nolan ni los demás dejaron entrever en su primera incursión dentro del universo de Batman. No olvidemos que estamos ante una cinta de más de dos horas de duración, tiempo excesivo para lo que nos quieren contar, es por esto que seguramente deseemos que ciertas escenas pasen más rápido que otras.

El director se ha entretenido más en filigranas, en desglosar demasiado las cosas y todo para contarnos una trama que, aunque moderadamente explicada, supone un laberinto para los intrépidos espectadores. No podemos despistarnos mucho en El Caballero Oscuro, sería recomendable fijarse en sus detalles y en cómo cada estrella brilla con luz propia (sí, incluimos a un muy correcto y sin excesos, Heath Ledger).

Madurando en su propia vida, Wayne termina por convertirse en un superhéroe con toda seguridad. Rodeado de la más alta de las tecnologías puntas (ojo a esa maravilla de moto), el multimillonario parece abandonar más su faceta pública que la que saca por las noches. El Caballero Oscuro no es ni más ni menos que una nueva (y espléndida) vuelta de tuerca al cine de malos y buenos.

Nos podemos incluso permitir pasar por alto, aunque no deberíamos, su dilatado final (seguramente con treinta minutos menos la cosa hubiera quedado igual de bien). También perdonamos a Nolan su ausencia de pomposidad en ciertas partes (esto va más por los hambrientos de cine-espectáculo). Es una cinta muy completa, imperfecta, con muchos altibajos de guión en donde uno no sabe si lo siguiente está improvisado o no… Aún con todo y con eso debemos quitarnos el sombrero porque el resultado es maravilloso, casi tanto como su antecesora.