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The Lighthouse
(Robert Eggers, 2019)
★★★★★
Un inquietante retrato sobre la locura y la soledad, complejo de ver

El faro

El cine de Robert Eggers no es precisamente un cine hecho para todos los públicos. Su particular visión sobre el terror, quizá más próxima a la sutilieza que a la muestra evidente de sangre y vísceras, lo convierte en un tipo tanto alabado como odiado a partes iguales, simplemente por el mero hecho o bien de salirse fuera de lo mundano, o bien por pasarse de excesivamente metafórico.

El faro (2019) es su segunda película como director, y nos cuenta la oscura historia de un joven que llega como ayudante a un remoto faro cerca de Nueva Inglaterra. Allí compartirá unos meses con Thomas Wake, un experimentado marino al que… se la ha ido un poco la azotea.

Si con La bruja (Robert Eggers, 2015) el realizador nos hacía un retrato sobre las creencias de la época (siglo XVII) y sobre la necesidad de aferrarse a algo; aquí aunque cambia el lugar, en el fondo comparte en común la misma necesidad humana. Y es que el protagonista de la cinta, muy bien interpretado por Robert Pattinson (quien poco a poco se va descubriendo como un buen actor) siente esa necesidad de agarrarse a algo para expulsar de su persona, todas sus frustraciones por no haber podido conseguir una vida plena.

Su imagen de joven ingenuo poco a poco va sufriendo una evolución, un cambio, apoyado por dos elementos en la historia. Por un lado el personaje de Willem Dafoe, quizá en una de sus mejores interpretaciones (y tiene ya unas cuantas), un verdadero lobo de mar al que hace años abandonó la misma ilusión con la que llega su nuevo ayudante y que ahora vive recluido entre la locura y el faro, al que ama que supone para él, su “fuente de vida”.

Por otro lado, el mismo faro en donde se desarrolla la historia. Pone a prueba al propio personaje de Pattinson. Inclemencias meteorológicas, las inquietantes gaviotas, la vida en general allí, marcada por trabajos poco agradecidos (algo que Eggers se encarga de recalcar con innecesaria insistencia), todo ello además sumado al trato poco agradable que le profesa su mentor.

Willem Dafoe y Robert Pattinson.

Estos elementos, curten al protagonista que, poco a poco se va desnudando ante el espectador y queda patente que al final, incluso él mismo puede convertirse en el propio Thomas Wake, a base de palos, y en base a una soledad (no impuesta).

Su pausado desarrollo exige al espectador prestar bastante atención, no ya a lo que pasa en pantalla, en donde en ocasiones tenemos la sensación de que no estamos avanzando, sino por la numerosa cantidad de metáforas que Eggers mete en ella, algo que ya marcaba su estilo en La bruja.

Rodada con exquisito cuidado y con una fotografía sublime, El faro no es tampoco una película de terror al uso, es más una iniciación hacia una historia de terror, porque quizá el terror provenga después de su final, el terror es aquel que protagonizarán los siguientes hombres que lleguen a esa isla, llena de miedos, infiernos y muerte. Porque Eggers parece dejarnos claro que la locura y la soledad, terminan en el fin de todas las cosas, la muerte.

La sutileza con la que Eggers rueda la película quizá sea de lo más destacable junto a los numerosos “duelos” interpretativos de sus protagonistas. Ninguno de los dos merece infravaloraciones, no ya por su trayectoria, sino por el enorme esfuerzo que ha supuesto este desafío a nivel interpretativo de los actores. A Dafoe casi que no es necesario alabarlo, sus capacidades son sobradamente conocidas, y con la caracterización maravillosa que se le ha dotado aquí, su personaje se enriquece en cada intervención, realmente llegamos a pensar en que está loco.

Y Pattinson poco a poco se va quitando su etiqueta de “teen idol” que le dejaron sus inicios y su carrera va despegando. Aquí construye un personaje muy sólido, con el que resulta bastante fácil simpatizar y con el que seguro se sufre.

Eggers, sin resultar muy claro, nos deja muchas más dudas que respuestas en El faro. Es una película complicada de ver y, seguramente, de entender. Uno se queda con muchas preguntas, pero desde luego no habría que dejarla pasar.