(Rawson Marshall Thurber, 2018)
Skyscraper ● 2018 ● USA ● 1h 49min
★★★★★

El rascacielos

Un ejercicio veraniego lleno de clichés, pero sumamente entretenido.

El verano es esa época estival que en el cine se suele (aunque ahora podríamos hablar en pasado) reservar para grandes taquillazos, para ese cine evasivo, hecho para no pensar y sencillamente hecho para entretener, aunque sepamos que lo que nos está contando no se lo creería nadie y, lo que para muchos es peor, no vamos a aprender nada de ello.

El rascacielos, quinta película de su director que seguramente muchos no conocían (recomiendo desde aquí su comedia Somos los Miller (2013)) reúne ciertos elementos que, aunque la conviertan en una película absolutamente predecible y prescindible, resultan clásicos y eficaces para una cinta de verano, que al fin y al cabo es lo que es esta película.

Protagonizada por la superestrella Dwayne Johnson, nos cuenta la historia de un hombre que trata de reconducir su vida tras un duro golpe en el pasado. Para ello trabaja para un magnate dueño del edificio más alto del mundo. Pero algo sale mal, hay unos terroristas de por medio y él deberá hacer lo que sea para salvar a su familia.

El cine de Marshall Thurber no se ha caracterizado precisamente por establecerse como una filmografía esencial, pero siempre busca el punto de entretenimiento que algunos logran encontrar. Con El rascacielos, logra convencernos de que Johnson lucha por su familia pase lo que pase y a toda costa, aunque ello le cueste la vida.

La película, sin tratar de ser realista, cumple con creces su objetivo. Por que de vez en cuando siempre vienen bien este tipo de historias, en donde valores como la integridad o la familia parecen preocupar más que otras cosas. No es ni muchos menos una película que nos vaya a calar hondo, pero si su objetivo es entretenernos, siempre y cuando entremos en su juego, lo logra.

La utilización de “set pieces” de acción, o de clichés pone en evidencia sus costuras, sus objetivos. Y es que la cinta en ningún momento se toma en serio (todo el punto de vista de la gente observando lo que pasa en una pantalla gigante cual Gran Hermano lo dice todo).

Es inevitable que se nos venga a la cabeza El coloso en llamas (John Guillermin, 1974), en donde con una historia similar (aunque evidentemente menos moderna), se nos planteaban, sin embargo, otro tipo de valores, mezclados con muchas historias en donde los personajes entraban y salían, mientras el espectador quedaba absorto ante lo espectacular de la propuesta. En este caso y dado que el cine de catástrofes ya está bastante explotado, sólo nos queda sentarnos y dejarnos llevar por la película.

Si aquella contaba con un reparto a la altura de lo que se veía en pantalla, aquí tan sólo el carisma de Dwayne Johnson logra levantar un reparto bastante soso, con poco interés y que sin duda están al servicio de la imagen.

Una película para ver, entretenerse y poco más. No podemos exigirle nada a un cine al que hay que ir bastante predispuesto. Criticarlo sería un ejercicio demasiado vacío.