The Lion King
★½★★★
Una película innecesaria y que se vale demasiado de la nostalgia.

El rey león (Jon Favreau, 2019)

Tras dejar claro que las nuevas ideas en Disney hace tiempo que se fueron, y que sus responsables prefieren agarrarse a lo seguro en vez de buscar nuevos horizontes, cada cierto tiempo invaden las carteleras con una cinta de las que ellos llaman «live action», es decir, clásicos de animación trasladados a películas con actores reales, o al menos, ambientadas en el mundo real (si es necesario utilizar CGI, se utiliza, sigue siendo real para Disney).

Aunque esto no es nada de hace poco, de hecho habría que remontarse allá por 1996 cuando Stephen Herek adaptaba la película 101 Dálmatas con una Glenn Close como Cruella de Vil, si es cierto que es una moda que se a ido acrecentando con los años. Después han venido directores como Tim Burton, Kenneth Branagh, Bill Condon o Guy Ritchie, para adaptar obras. Hasta ahora sólo Burton había hecho doblete (Alicia en el país de las maravillas (2010) y Dumbo (2019)) pero Jon Fravreau le iguala con El rey león (2019) tras haber tenido un éxito bastante amplio con El libro de la selva (2016).

Pero el problema (entre muchos) de estas versiones radica sobre todo en la cuestionable utilidad a nivel cinematográfico de gran parte de ellas. Básicamente suelen «calcar» la cinta original de animación, y tras un retoque de guión (normalmente a peor) y un excesivo abuso de la tecnología digital, dejan como resultado una película con poco donde rascar si queremos descubrir cosas nuevas.

Favreau, muy ligado a Disney tanto como director como actor (ha aparecido en varias producciones MARVEL) no arriesga absolutamente nada con esta visión realista de El rey león. No arriesga porque, básicamente, muchos consideraría una traición hacia una de las películas de animación más emblemáticas de Disney y de los noventa (su época dorada). Y es que, salvo imperiosa necesidad económica, El rey león es una película absolutamente innecesaria dentro del cine de Disney. Quizá su intento de establecer un nuevo punto de partida para futuras generaciones sea lo que esté mermando la capacidad creativa de una empresa que, desde hace ya unos cuantos años, se ha acomodado en el sillón tratando de rentabilizar sus inversiones.

El rey león.

A nivel técnico hay que admitir que la película luce espectacularmente bien. Disney ha sabido dotar de vida, a todos los personajes y al entorno, eso se agradece. Además, la «adaptación» a animales reales, de los vistos en la cinta de Roger Allers y Rob Minkoff, también está muy lograda. Pero de aquí no podemos pasar a muchos más puntos positivos, porque la cinta no es tenga demasiados.

Uno de los principales defectos radica en los personajes. No existe ningún tipo de reacción ante lo que pasa en pantalla, ante la muerte, ante el dolor, el peligro… no hay expresividad en ellos. Con esto, la conexión con el espectador únicamente es a través de las acciones y el diálogo. El rey león es una película calculada y fría que no busca absolutamente nada de calidez.

Lo que rodea a este nuevo producto, también puede tener un pase. Desde la remodelada banda sonora de Hans Zimmer, que le hizo ganar el único Oscar de su carrera (hasta la fecha); pasando por la fotografía o el ritmo. Éste último palidece en algunas escenas, como la mítica estampida, donde todo parece suceder a un ritmo menos vertiginoso.

Resulta inevitable compararla con la película de 1994, pero eso Disney lo sabe y le da lo mismo. Pero ya pasa también con el Aladdin (2019) de Guy Ritchie o el Dumbo de Burton (2019). Es por eso por lo que hay que mirar estas películas con otros ojos, dejando a un lado la niñez que podamos tener si somos nostálgicos de la época.

El rey león es un cine absolutamente frío, falto de carisma, muy bien hecho, pero que no llega al corazón, no llega a transmitir. Quizá para las arcas de Disney esto sea un mal menor, pero es un detalle muy importante si vemos el cine más allá de un instrumento de entretenimiento. Lo que está claro es que en este caso, no hay riesgo, y El rey león es una cinta que no aporta nada y que o sea la quiere o se la odia, es complicado encontrar un término medio.