Priest ● 2011 ● USA ● 1h 27min
★★★★

El sicario de Dios

Cero por ciento de innovación.

Paul Bettany se mete en la piel de un “guerrero del clero” para hacer frente a una implacable legión de vampiros. El sicario de Dios lo vuelve a reunir con el director Scott Charles Stewart. Desgraciadamente entre ambos las cosas no suelen llegar a nada bueno.

La alianza entre el director Scott Stewart y Paul Bettany se traslada, después de Legión, a un futuro lejano, en donde el británico sigue dando muestras de que sobradamente puede hacerse con cualquier papel, pero es necesario que sea una buena historia la que lo termine encumbrando con una estrella de cine.

El sicario de Dios, infame traducción del original Priest, bebe de la novela gráfica homónima, creada por el surcoreano Min-Woo Hyung. Los vampiros han atemorizado el mundo durante siglos. La iglesia creó una especie de ejército formado por guerreros expertos en liquidarlos. Incluso en el futuro la lucha contra ella es especialmente difícil. Uno de estos luchadores deberá ir a rescatar a una joven, secuestrada y elemento clave para un plan infernal contra la humanidad.

A pesar de lo atractivo de la propuesta, sobre todo para el género de la acción, El sicario de Dios no tiene absolutamente nada que no hayamos visto anteriormente. En este sentido la cinta está vacía de originalidad y apenas se aprovecha de los elementos que le brinda la novela gráfica, para explotarlos y sacar un producto realmente atractivo para el público.

Stewart, que ya tuvo un primer traspiés con Legión, obra que también fusionaba elementos religiosos y el cine de acción, no parece haber escarmentado o aprendido de aquello, puesto que aquí apenas se arriesga, y se decanta por hacer una cinta de acción al uso, con mucha espectacularidad, pero no es más que una vacía cinta de acción.

El apartado técnico quizá es el que se lleva menos abucheos. Stewart sabe combinar con acierto (que no con excesiva calidad) los efectos especiales y digitales, convirtiendo las escenas de acción en un divertimento. Eso sí, lástima que las malas influencias le hayan jugado una mala pasada. Cuanto daño ha hecho Zack Snyder al cine de acción.

Y como cinta de acción al uso, el apartado interpretativo queda ligeramente descuidado. Paul Bettany sigue buscando su sitio en el cine, con papeles de los más diversos, pero últimamente parece haber pillado el gusto a lo de apretar el gatillo y patear algunos traseros. Junto a este salvador de la humanidad, Cam Gigandet, vampiro en Crepúsculo y que aquí se dedica a liquidarlos (qué curioso, ¿no?). La presencia de un veterano como Christopher Plummer es casi anecdótica.

Una lástima puesto que El sicario de Dios podría haberse convertido en un bello escaparate para una cinta sobre la religión y la sociedad. Nadie esperaba una disertación existencial, pero al menos si cierta consistencia en su mensaje, y aquí lo único consistente es que los vampiros son muy poderosos, pero nada más.

Con todo el pescado vendido, El sicario de Dios deambulará en la taquilla a la espera de que su recaudación haga posible una segunda parte (la cosa parece que se alarga). Stewart no ha podido controlar ni siquiera el “tempo” que en esta ocasión tiene diversos altibajos, aunque se agradece que todo este circo dure unos escasos minutos. Prometía en su inicio pero para acomodarse a lo que se estila, su director no ha innovado absolutamente nada y El sicario de Dios entrará a formar parte de la lista de títulos que han pasado por la cartelera.

También te puede interesar...