Escape Room
★½★★★
"Esta flojísima propuesta es como meter en una batidora Cube y Saw"

Escape Room (Adam Robitel, 2019)

En 1997, el director americano Vincenzo Natali estrenaba Cube, un inquietante título que, rodado con poco dinero y en menos de un mes, consiguió hacerse con la etiqueta de “película de culto”, algo que casi era exclusivo del cine de hacía unos 10 o 15 años atrás. Tras llevarse al jurado de Cannes y Toronto, en donde se llevó los galardones a mejor película, consigue hasta convertirse en saga, con dos títulos más, estrenados con bastante diferencia en el tiempo pero que no consiguieron encandilar de igual forma a público y crítica.

La fórmula de Natali era sencilla, hacer partícipe al espectador a través de una corta historia, seis personajes encerrados en una habitación “mortal” y con el tiempo en su contra. Aunque la fórmula rápidamente se iba a convertir en algo repetitivo, la novedad ya había sido lanzada y esa misma fórmula parece ser la que ha servido para que Adam Robitel estrene Escape Room (2019) que básicamente tiene una premisa bastante similar a la de Natali.

Aquí, Robitel trata de profundizar algo más en los personajes y le dota de cierta historia, de cierto pasado, aunque eso no evita lo que uno ya sospecha, en Escape Room no hay nada nuevo. La fórmula, ya no sólo se inspira en la película de 1997, sino que además lo hace mal, ya que prácticamente no deja al espectador formar parte de la historia, planteando los acertijos que pueden salvar a los protagonistas para, acto seguido, resolverlos de forma que no ha lugar a explicación.

El resultado es una película muy vacía, muy previsible y en donde no hay tampoco mucho límite a la hora del “todo vale”. Y es una pena porque el planteamiento y el desenlace, quizá sea lo más interesante, pero falla en su tramo intermedio, en contarnos el porqué de todo ese juego macabro.

Y esto, aunque no lo parezca, es importante, sino el público es simplemente un espectador más, incluso partícipe de quienes han organizado esto. Robitel no se plantea explicar las cosas, o siquiera hablar un poco de los personajes. Sólo lo justo para no tratar de resultar vacío, pero la película lo es.

Y ya da lo mismo que los actores no sea conocidos o de que el guión hace aguas casi todo tiempo, sino que la empatía con los personajes resulta inexistente. Asistimos únicamente a ver cómo van “cayendo” uno a uno. A mi, personalmente esto me resulta tremendamente aburrido y absurdo.

Si en algo se puede salvar la película quizá sea en su planteamiento visual, concretamente en una secuencia. Aquella que tiene lugar en lo que parece ser la recreación de una sala de billar. La escena juega con los planos invertidos, los personajes boca abajo y la presión del momento. Está bien jugado pero es simplemente una aguja en un pajar.

Escape Room es cine para pasar el rato, para no pensar, para engullir. No hay nada nuevo y la historia apenas resulta creíble, aunque se nos intente hacer ver que sí. Es como meter en una batidora, la película de Natali y la primera entrega de la saga Saw, pero añadiéndole un poco de azúcar, porque lo que es sangre, poco vamos a ver.