Especial Halloween 2013
5 películas de terror con sus respectivas versiones.
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Halloween, eso que muchos celebran sin saber muy bien el motivo. Una festividad que poco a poco y con el paso de los años, se ha ido estableciendo en nuestras vidas. Pero gran parte de la cultura de Halloween, se la debemos al cine, más concretamente al género de terror. Títulos como Halloween (1978), Monster House (2006) o Truco o trato (2007) se han tomado la licencia de ambientar sus historias en esa noche.

Sirva este pequeño homenaje como muestra de, al menos, cinco títulos esenciales que juegan con el terror y que, son obligatorios en una noche tan terrorífica como es Halloween. Títulos que, por otro lado han sido “revisionados” por el cine más actual. Tened cuidado, nunca sabemos por donde acecha el miedo.

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La matanza de Texas

(Texas Chainshaw Massacre, 1974). Conviene aclarar primeramente que, pese a que muchos lo piensan, la historia de La matanza de Texas no está basada en ningún hecho real. Todo proviene de la calenturienta mente del guionista y productor Kim Henkel. La casualidad quiso que el propio Tobe Hooper y Henkel tuvieran amigos en común, lo que sirvió para ponerlos en contacto. Tras una primera colaboración juntos, en la cinta de bajo presupuesto Eggshells (Tobe Hooper, 1969), los dos se pusieron manos a la obra para escribir el origen de esta terrorífica historia. Fue a raiz de una visita a una ferretería llena de gente, lo que le hizo pensar a Hooper sobre la historia, mezcla de terror y canibalismo, todo en un sangriento cóctel bastante incómodo para un espectador poco aventajado en el género.

La matanza de Texas, nos cuenta la historia de un grupo de jóvenes que, ingenuos (elemento clave en el género) piden ayuda a una misteriosa familia. Lo que no saben es que en el interior de la casa donde viven, también se encuentra Leatherface (“Caracuero”), el más pequeño de la familia. Un enorme armario cuya única forma de comunicación es una letal motosierra. La casquería está servida y la persecución acaba de empezar.

Lo que La matanza de Texas supuso para el género del terror quizá se vería mejor reflejado en un subgénero, como es el del “slasher”. Enemigos, casi inmortales que arramplan con cualquier cosa que se ponga de por medio, sin importar los litros y litros de sangre que ello conlleve. Hay que decir que la película se rodó con poco presupuesto (no llegaba a cien mil dólares), pero que gracias a la textura, los personajes, la ambientación (la banda sonora de Wayne Bell y el propio Hooper, incluía sonidos procedentes de mataderos), ayudaron a crear un ambiente enrarecido, insano y que daba bastante miedo, todo sea dicho.

Secuelas y “remakes”. Lo que ha sucedido con esta cinta y sus secuelas, ha sido bastante amplio. De la cinta original, surgieron tres títulos más. Dos secuelas oficiales, una primera con Dennis Hopper en el reparto y dirigida por el propio Hooper (la única secuela de su filmografía), y una segunda con Viggo Mortensen en su reparto. Ya en 1994 Kim Henkel trata de relanzar la saga con La matanza de Texas: La nueva generación, en donde contó con Renée Zellweger y Matthew McConaughey como protagonistas. Sobra decir que todas estas secuelas no tuvieron demasiada repercusión en taquilla. Pero en el 2003, la Platinum Dunes (propiedad de, entre otros, Michael Bay) produce una nueva versión (bastante ligera, por cierto) con un joven reparto encabezado por Jessica Biel. De aquella cinta surgieron dos secuelas más, La matanza de Texas: El origen (Jonathan Liebesman, 2006) y la todavía inédita en España (no estrenada en circuitos comerciales), La matanza de Texas 3D (John Luessenhop, 2013).

 


 

La noche de Halloween

(Halloween, 1978). El cine de terror y John Carpenter siempre irán juntos. El realizador contaba con 30 años cuando se lanzó a dirigir La noche de Halloween, una de las cintas estandarte del género de terror y sobre todo quizá la más significativa en lo que a esta mítica noche supone. “The Babysitter Murder” era el primer borrador que Carpenter y Debra Hill escribieron y que, a diferencia del producto final, se desarrollaba en varios días. Pero por temas de presupuesto, finalmente la cosa cambió a una sola noche, lo que les permitía ahorrar en vestuario y demás. La noche de Halloween se ha ganado un hueco dentro del género y a pesar de no contar con demasiadas escenas violentas, si que contiene bastante tensión durante toda la película.

La inclusión de Jamie Lee Curtis en el reparto (hija de Janet Leight) fue todo un acierto para la actriz, que desde entonces fue conocida por su papel de Laurie Strode. Era una joven ingenua que vivía en un tranquilo vecindario, en donde cada año y durante la noche de Halloween, se sucedían misteriosos y brutales asesinatos. El “alma” de esta fiesta no era otro que un armario de dos por dos (interpretado por Tony Moran) que respondía al nombre de Michael Myers y que sin mediar palabra usaba un cuchillo de cocina para cometer sus crímenes. Como buen asesino, oculta su rostro, esta vez con una máscara (durante el rodaje tuvieron que usar una con el rostro de William Shatner).

Sería un poco dificil entender La noche de Halloween fuera del género de terror. La cinta apuesta más por crear tensión que por mostrar sangre y demás fluidos. La sobria realización de Carpenter (ayudado por la sencilla fotografía de Dean Cundey) y esa melodía en la banda sonora (totalmente reconocible a día de hoy), convirtieron a la película en todo un clásico, prácticamente al momento. La noche de Halloween contaba con un presupuesto bastante reducido (algo más de 300.000 dólares), lo que obligaba al equipo de producción a ahorrar en todo lo posible. Su éxito se tranformó en unos jugosos beneficios.

Secuelas y “remakes”. Con las secuelas generadas a partir de la primera cinta, quizá estemos hablando ante una de las sagas más extensas que ha dado el género. Y es que han sido un total de 8 titulos los que han bebido de la cinta original. Carpenter sólo se hizo cargo de la original, dejando el relevo a nombres como Rick Rosenthal, Tommy Lee Wallace o Steve Miner. Tuvo que ser el cantante y director Rob Zombie quien devolviese a Michael Myers el lugar que le correspondía en Hollywood, y fue con Halloween. El origen (2007) una espectacular cinta en donde no había tapujos. Le siguió una secuela que no consiguió estrenarse en cines de España, pero si salió en el mercado doméstico. No superaba a la primera pero tampoco era nada desdeñable y Zombie también estaba tras las cámaras. En un intento por sacar una tercera película, el director/cantante desistió.

 


 

Viernes 13

(Friday the 13th, 1980). Otro de los títulos que no podía faltar en nuestra noche de Halloween, es Viernes 13. Aunque la película no está ambientada en la noche, por sus características no es de extrañar que sea también considerada un clásico. Con un presupuesto de poco más de medio millón de dólares, el director Sean S. Cunningham se trasladó al remoto paraje del campamento de No-Be-Bo-Sco, en Nueva Jersey para filmar el que sería su quinto largometraje. Una truculenta historia que tampoco reparaba a la hora de mostrar crudos asesinatos o crear tensión. Viernes 13 rápidamente se convirtió en un clásico y todavía hoy en día son muchos los que se acercan al lugar de rodaje a vivir alguna que otra noche movidita, esperando ver a Jason Voorhes.

Todo partía del campamento Crystal Lake, donde años atrás, un niño desapareció en el fondo del lago. Su madre todavía le echa en falta, pero más que eso sobre ella pesa un terrible misterio, un misterio que lleva a convertir a aquel niño desaparecido en un asesino despiadado. Encapuchado con una tela (la máscara de hockey clásica de 27 agujeros no la llevaría hasta la tercera película) y machete en mano, se dedica a hacer limpieza de jóvenes del lugar. La actriz Betsy Palmer, que interpretaba a la madre de Jason (la verdadera autora material de los crímenes de la primera película) se hizo bastante popular por esta cinta, y no precisamente por sus buenos comentarios sobre ella.

Viernes 13 es y será siempre un clásico. A pesar de tratarse de una cinta más del subgénero “slasher”, hay que reconocerle muchos meritos, entre ellos, el haberse rodado prácticamente toda en exteriores (con todo lo que eso conllevaba en aquella época). Como otras películas reconocibles, contaba con una banda sonora “pegadiza” (los míticos susurros que Harry Manfredini incluyó en el “score”), y con unos efectos especiales bastante notables. Había empalamientos, cuchilladas, golpes brutales… Cunninghan, que sólo dirigió esta cinta de toda la saga, no reparó en gastos.

Secuelas y “remakes”. Nada más y nada menos que diez películas componen la saga de Viernes 13 (desde 1980 hasta la inefable Jason X (2001). Posteriormente y de nuevo Platinum Dunes, se volvió a relanzar el personaje (Viernes 13, Marcus Nispel, 2009) con escasa repercusión (hizo taquilla, pero no lo que se esperaba.

Sirva como nota curiosa que la octava cinta, Viernes 13: Jason toma Manhattan (1989), no se estrenó en cines de España, sino que hubo que esperar hasta el 2002, para que se pudiera ver de forma oficial en la edición en DVD.

Mención especial el “crossover” con Freddy Kruger que en el 2003 dirigió espléndidamente Ronny Yu. Otra de las imprescindibles.

 


 

Posesión Infernal

(The evil dead, 1981). Sam Raimi, allá por los ochenta, no era más que un joven de poco más de 20 años que junto a su amigo Bruce Campbell, había hecho algunas películas caseras. Tenía una idea bajo el título de “Book of the Dead” sobre un grupo de jóvenes que se quedaban encerrados en una cabaña perdida del bosque y eran aniquilados uno a uno por un poderoso demonio al que despertaban. Tanto Raimi como Campbell pusieron dinero propio para empezar el rodaje de la película. Varios meses y problemas económicos después, hicieron que la cinta no solo cambiase de nombre al de The evil dead sino que además se convirtiese en una cinta de culto prácticamente después de su estreno en cines.

Posesión infernal contaba con una técnica bastanta rudimentaria. Llevar un pequeño equipo de gente y un pequeño equipo de rodaje a una cabaña perdida de Michigan suponía un desafío para un director que apenas conocía los entresijos de un rodaje de verdad. Fue quizá su honestidad como producto de terror y su factura prácticamente como cinta de aficionado, lo que llamó tanto la atención. Incluso hoy en día, es considerada por muchos como una de las mejores obras no ya sólo del género, sino de su propio director. Obvia decir que la amistad entre Raimi y Campbell es una de las más conocidas de Hollywood, y el director siempre que se lo permiten, lo incluye en el reparto de sus películas.

A pesar de que la película no contaba con revolucionarios efectos visuales, su condición como verdadera cinta de terror fue lo que la abrió puertas. Esa sensación que los protagonistas transmitían continuamente durante su encierro provocaba en el público un sentimiento de miedo y a la vez de inquietud. Ambos elementos, están bastante bien manejados por Raimi, que en ningún momento era consciente de la repercusión que tendría su película en un futuro.

Secuelas y “remakes”. Tal fue el éxito de la cinta que se hicieron dos secuelas. La primera, que en España llevaba el título de Terroríficamente muertos (1987) era casi un calco de la original, pero realizada con muchos más medios. Tuvieron que pasar cinco años y una película (Darkman (1990)) para que Raimi cerrase su particular trilogía, y lo haría con El ejército de las tinieblas, donde se desmarcaba totalmente del terror para centrarse en una cinta con más humor y aventuras que otra cosa.

En el 2013, el director uruguayo Fede Álvarez, que había tenido mucha popularidad con su cortometraje Panic Attack, se encargaría de hacer una nueva versión más sangrienta y contemporánea de la película de Raimi. Lo que se dijo desde entonces fue que habría secuela y que Álvarez estaría en ella.

 


 

Pesadilla en Elm Street

mcine_halloween_2013_10(A nightmare on Elm Street, 1984). Si nombres como Carpenter o Hooper serán recordados siempre por su unión al terror, seguramente el de Wes Craven se incluya en esa lista. El director natural de Cleveland tenía una idea que llevaba mascando desde hacía unos cuantos años, una idea que se materializaría tarde o temprano en la que sería su novena película. Cabe destacar que Craven ya había estrenado antes de Pesadilla en Elm Street, al menos dos títulos destacables del género de terror, como lo fueron La última casa a la izquierda (1972), su primera película; y Las colinas tienen ojos (1977), cuya secuela rodaría un año antes que la cinta que nos ocupa. Es por esto que su manejo tanto del terror como de un producto cinematográfico ya era conocido.

La idea principal de Craven era la de un asesino que mataba cuando sus víctima dormían. Literalmente las acechaba en sueños y las mataba. Para ello, ideó a Freddie Krueger, un antiguo bedel de un colegio que había sido acusado de un asesinato múltiple y quemado por ello. Su venganza se serviría bien fría cuando, armado con un curioso “guante-cuchilla”, acababa uno por uno con los jóvenes del pequeño barrio de Elm Street (nombre que, por cierto, nunca se menciona en la primera película). La cinta no escatimaba en violencia o sangre (igual que Raimi con Posesión infernal), y generaba quizá bastante más miedo que otras cintas de género de la época.

Pesadilla en Elm Street contenía varios elementos que la encumbraron hasta el “top” de las cintas de terror. No ya sólo su factura, donde como hemos comentado, no escatimaba en gastos, sino por sus personajes, su historia y sobre todo por la presencia de Krueger, interpretado por Robert Englund, actor ligado a este personaje. Fueron quizá esos matices tétricos los que la convirtieron en una película clásica que, incluso con el paso de los años, no consigue eliminar su icono. La mezcla entre el particular humor de Krueger y el terror fue también algo que levantó interés en el público, pero si es cierto que restaba terror en algunos momentos.

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Secuelas y “remakes”. Siete títulos, un “crossover” con Viernes 13 y una serie de televisión fueron las consecuencias de la primera Pesadilla en Elm Street. Sobra decir que la calidad cinematográfica no fue en consonancia con la cinta original, y muchas de las secuelas parecían estrenarse por inercia.

Quizá la última entrega, La nueva pesadilla (1994) sea de las más originales, por aquello de mezclar la historia de Krueger con el rodaje de una cinta sobre él.

Sería de nuevo Platinum Dunes quien trataría de relanzar la saga con una nueva versión de la cinta original. Jackie Earle Haley sustituía a Englund como protagonista, algo que pasó factura y los escasos resultados en taquilla no dieron pie a hacer una secuela.

 

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