Eva ● 2011 ● España-Francia ● 1h 34min
★★★★★

Eva

Ciencia ficción con más tiempo para pensar en los humanos.

Para la ciencia ficción, un asunto tan extenso e interesante (para contar o para pensar sobre él) como la inteligencia artificial, siempre ha supuesto un buen motivo para contar historias. Resulta inevitable que nos vengan a la memoria títulos como Blade Runner (Ridley Scott, 1982), El hombre bicentenario (Chris Columbus, 1999), A.I. Inteligencia artificial (Steven Spielberg, 2001) o Ex Machina (Alex Garland, 2014), todos ellos con un personaje central en el que gira la historia, y siempre es éste quien, en cierto modo, simpatiza más con el público que el resto de personajes. La ópera prima de Kike Maíllo, Eva (2011) también toma como base la inteligencia artificial, pero se aleja considerablemente de un futuro impoluto y perfecto.

Nuestro conductor es Alex, un joven y brillante ingeniero cibernético, que regresa al gélido pueblo de sus padres para terminar un proyecto que empezó hace muchos años. Allí se topa con su pasado, con su hermano David y con su mujer, Lana. Pero sobre todo con la hija de ambos, una niña enigmática que se presta a ayudarle en su proyecto.

La encomiable labor de Maíllo por traer al cine español ciencia ficción de calidad, sin duda es lo que más destaca detrás de esta historia, que bebe de demasiadas referencias del género. Apenas deja demasiado trabajo al espectador que, eso sí, disfruta de lo lindo con la espléndida ambientación, alejada bastante de los tópicos del género (¿será por presupuesto?).

Aquí las naves voladoras, los robots parlantes o las televisiones holográficas, dejan paso a un entorno más realista, con menos demostración de tecnología, pero siempre dando la sensación de que estamos en un año futuro.

Como parte de este cuento futurista (no deja de serlo), tenemos al trío protagonista, del que sí, descartamos a un Alberto Ammann, más perdido que otra cosa, con un papel que parece más decorativo que otra cosa, y eso que su personaje podría haber dado mucho más juego, sin embargo apenas tiene repercusión.

Marta Etura, como siempre, está correcta, sin destacar demasiado, y el lángido (aquí justificadamente) Daniel Brühl sin duda marca un personaje interesante, lleno de matices y que siempre parece tener la mochila del pasado a sus espaldas.

La debutante Claudia Vega, que interpreta a la protagonista que da título a la cinta, tampoco hace una interpretación demasiado remarcable. Cumple sobradamente su rol, eso sí, dotando a su personaje de una mezcla entre lo ingenuo y lo misterioso. Pero siempre, su aparición es de agradecer a lo largo de la historia, sin duda es quien hace que el barco se mueva.

Eva está muy bien rodada, con una planificación y una narrativa solventes, pero quizá su ritmo no sea el que uno espera de este tipo de películas. Es por eso por lo que en ocasiones parece que haya que estar muy al tanto de lo que sucede, aunque el guión no le pone muchas “trampas” al espectador. Por momentos da la sensación de que estamos ante una historia que se podría haber contado en mucho menos, pero Maíllo apuesta por los detalles.

Su desenlace, sin ánimo de hacer ningún tipo de “spoiler”, es un tanto frío, con poca emoción y en donde los personajes se mueven como robots. En general, la película resulta fría, a pesar de que en momento transmite muy bien el sentir de los personajes a través, sobre todo, de sus acciones.

Una cinta interesante, pero que quizá le falta algo más de pretensión, algo más de fuerza en muchos momentos, pero aún así, Maíllo ha hecho un buen ejercicio.