Furious Seven ● 2015 ● USA-Japón ● 2h 17min
★★★★★

Fast & Furious 7

Alejada totalmente de sus orígenes. Es un correcto broche final.

Con el paso de los años, la enorme creación que supuso esta saga que mezclaba coches tuneados y acción, se ha ido pasando de un lado a otro, dejando atrás elementos que la hicieron original en su día y que, ahora, poco o nada tienen que aportar. Fast & Furious 7 (James Wan, 2015), engrosa la saga casi por inercia, aunque supone, eso sí, un claro homenaje a todas sus películas.

Nos encontramos en Londres, alguien quiere vengar lo que le hicieron a Owen Shaw. Se trata de su hermano que quiere eliminarlos uno a uno. Pero en medio de todo el “fregao” se encuentra también el gobierno, que les pide ayuda para recuperar un importante artefacto. Ahora más que nunca, deberán estar unidos para sobrevivir y conseguir su objetivo.

Tras la muerte de Paul Walker a finales de Noviembre del pasado 2013, muchos se preguntaban si esta cinta iba a estrenarse o finalmente quedaría como un producto inacabado, como una obra sin terminar. Tras varios meses de dudas, se decidió, con el material rodado y con ayuda de la informática, dar carpetazo a una de las sagas de más éxito de los últimos años. Es por esto quizá que cuando uno ve Fast & Furious 7 tiene la sensación de ver el final de ella. Se trata de esa sensación de que todos los personajes han llegado a su destino, de que cada uno ha encontrado lo que buscaba, sin embargo, como broche final, no es precisamente uno de los mejores.

La película, ya totalmente asentada entre sus seguidores, no tiene que valerse de ningún artilugio para tratar de tener éxito. Ni siquiera un director tan inexperto en la acción como James Wan (más metido en el mundo del terror que otra cosa (Expediente Warren, 2013)), ha influido en una cinta que, sin tener aspiraciones, sabe perfectamente hasta dónde llegar y a quien atraer. Fast & Furious 7 se vende sola. Chris Morgan, que se ha encargado del guión desde la desterrada A todo gas: Tokyo Race (Justin Lin, 2006), sabe perfectamente las teclas que tiene que tocar para que la orquesta funcione, aunque eso suponga aguantar algunos personajes inútiles (como el de Tyrese Gibson, que llega a odiarse), o alguna que otra escena imposible… pero eso forma parte de la saga, forma parte del juego, y él lo sabe.

Salvo pocas novedades, esta Fast & Furious 7 supone un bonito homenaje a Walker, cuyo personaje parece ser el centro de la historia en los momentos finales, con un emotivo homenaje y esa dedicatoria final: “For Paul”. El discurso de Diesel, la escena en la playa, o el destino del propio personaje de Walker, son claros y eficaces giros para que la saga tome (si alguna vez lo hace) otra dirección.

Los personajes no han evolucionado, todos saben dónde tienen que estar y lo que tienen que hacer. Fast & Furious 7 no desvela secretos, no descubre nada que no sepamos. Contiene sus escenas de acción imposibles, sus peleas en donde apenas se hacen daño los personajes, y al menos mantiene el entretenimiento que conseguían las anteriores cintas. Pero poco más, no es ni mucho menos, la mejor cinta de la saga, a pesar de ser la última, y su excesivo uso de recargas visuales, a veces llega a incomodar. Atrás queda la modesta puesta en escena de las primera películas, en donde todo parecía no salir de ese barrio de Los Ángeles.

Pocas caras nuevas que añadir a un reparto en el que ni siquiera la inclusión de Jason Statham como villano, se acepta. Un papel muy soso, con propósitos muy sosos y con escasas escenas de lucha que, con lo artificiosas que resultan, las que hizo para la saga Transporter, era una maravilla.