Ghostland
★★★★★
Tiene algunos elementos intereresantes pero parece que todo nos suena ya.

Ghostland (Pascal Laugier, 2018)

La nueva hornada de directores franceses afincados en el terror, como Alexandre Aja, Xavier Gens, el dúo Maury-Bustillo o el que nos ataña, Pascal Laugier, ha dado al cine galo bastantes alegrías ya no sólo a nivel nacional, sino a nivel internacional, consolidándolos como grandes directores de género, algo que hoy, en Hollywood no abunda demasiado.

Este cine, se ha estancado/acomodado, en lo fácil, en historias repetitivas, esquemas narrativos manidos y sobre todo en una fórmula, la de los “jump scares” que funciona sí (al menos eso dice la taquilla), pero no se molesta en aportar algo nuevo y mucho menos en arriesgarse. Afortunadamente Europa se desmarca en muchas ocasiones de los estándares que parece marcar Hollywood y sobre todo el cine centroeuropeo (Francia, Alemania, Italia) suele apostar por aportar siempre un poco más.

Pascal Laugier, saltó al panorama internacional con dos títulos que lo convirtieron rápidamente en uno de los nombres a tener en cuenta, El internado (2004) y sobre todo Martyrs (2008), siendo ésta última, una de las cintas de terror europeo mejor consideradas hasta la fecha. Tras aquel éxito, Laugier intentó aterrizar en Hollywood con El hombre de las sombras (2012), pero no conquistó al nuevo continente, aunque sirvió para descubrir que Jessica Biel puede hacer papeles interesantes.

Ahora, de nuevo en Europa, nos descubre Ghostland una película que, a pesar de tener una historia detrás no demasiado original, al menos se molesta en aportar elementos nuevos e interesantes que la convierten en una cinta a la que, al menos, habría que darle una oportunidad.

Beth y Vera son dos hermanas que se van a vivir a la antigua casa de su abuela, junto a su madre. La tétrica mansión, en “mitad de la nada” será invadida por dos misteriosas figuras. Una terrible carrera por sobrevivir, ha comenzado. Años después se ven obligadas a rehacer aquel infierno en la misma casa.

Emilia Jones.

Como ya sucediera en anteriores películas de Laugier, la mujer es la protagonista, una mujer fuerte, con mucho carácter y capaz de salir de las situaciones críticas. Y es que a Laugier le gusta ponerlas al límite, olvidar su género y convertirlas únicamente en heroínas absolutas, sin perder siempre, ese punto de fragilidad, como una muñeca de porcelana.

Pero Ghostland aporta algo más al subgénero de las “home invasion” y es su capacidad de jugar con la mente, tanto de los personajes como del propio espectador, proponiéndole un macabro juego que tratar de hacer menos cruda la experiencia del personaje. Para ello, recurre a las realidades paralelas (algo parecido a lo que vimos en El hombre de las sombras (2012)), a los engaños a través del montaje y del sonido, y es aquí donde Ghostland tiene los elementos que resultan más interesantes.

La película aporta no únicamente tensión y terror, sino sobre todo drama, porque en el fondo Ghostland es el drama de una familia desmontada que intenta superar lo que les ha pasado, a través de un tortuoso y terrible viaje, en el que sus demonios se reencarnan en esa especie de “freaks” obsesionados con las muñecas, con las mujeres. Una familia que quiere volver a ser una familia.

Hay buen gusto en la puesta en escena de la película. La casa, un personaje más, contiene estancias bastante aterradoras (el sótano, con esa jaula improvisada hecha con colchones, o la habitación de las muñecas) y la iluminación, cuidada y con un buen gusto, hace que nos sumerjamos inmediatamente en la historia, que formemos parte de ella. La dilatada experiencia de Laugier en este tipo de producciones sin duda es una baza a su favor, él lo sabe y no duda en utilizarla para que la película resulte bastante entretenida y bien hecha.

A pesar del retraso de su estreno en España (hablamos de una cinta estrenada en Francia a principios del año pasado), resulta gratificante volver a tener a Laugier en cartel.

Aunque Ghostland no resulta una cinta redonda, puesto que la historia que subyace entre sus artificios no es que sea muy original, deberíamos quedarnos con lo que Laugier ha aportado, con su forma más que con su fondo. Es una cinta disfrutable, bien hecha pero que sin embargo y al pasarse todo en un suspiro, uno tiene la sensación de que le suena todo.