Solo: A Star Wars Story ● USA ● 2h 15min
★★★★★

Han Solo: Una historia de Star Wars(Ron Howard, 2018)

Ligera aventura espacial en donde cuesta ver a un Han Solo de joven.

La maquinaria Disney vuelve a la carga con una nueva historia ambientada en el universo de Star Wars, en esta ocasión una historia de orígenes, los del contrabandista Han Solo, uno de los personajes más icónicos de la saga y que hace unos cuantos años, lanzó a su intérprete, Harrison Ford, al estrellato de Hollywood.

Lastrada por un accidentado rodaje en donde sucedieron diversos infortunios (dudas de la propia Disney, directores que abandonaron el rodaje…) Han Solo: Una historia de Star Wars (Ron Howard, 2018) puede suponer el tope, o al menos, un pequeño respiro, para el limón que Disney está exprimiendo con una franquicia que compró hace ya seis años. A tenor de los resultados, todo apunta a que, por el momento, habrá que esperar más para poder ver otras historias de Star Wars.

La película nos cuenta los orígenes de Han Solo, que huye de Corellia para enrolarse en el Imperio y después se une a una banda de forajidos. Junto a ellos da varios golpes, con la idea de retirarse con un buen botín y poder regresar a Corellia junto a la chica de sus sueños, Qi’Ra (Emilia Clarke).

La apuesta de Disney por las historias fuera del hilo narrativo clásico de Star Wars (entiéndase precuelas, trilogía original y segunda trilogía) era cuanto menos arriesgado, aunque sabían perfectamente que estaban apostando sobre seguro. Arriesgado porque la legión de fans se les podría echar encima si se les ocurría cambiar un ápice de lo que decían la historia oficial, pero era una apuesta sobre seguro… es Star Wars.

Rogue One: Una historia de Star Wars (Gareth Edwards, 2016) fue un buen comienzo. A pesar de lo infantilizado de la propuesta, la historia al menos tenía un buen empaque, era un tema importante dentro de la saga clásica y la taquilla respondió muy bien. Seguir tocando elementos de la trilogía original era casi obligatorio si se quería seguir llenando las arcas. Y que menos que hablar de Han Solo, personaje icónico no ya sólo dentro de la saga, sino del universo de la ciencia ficción cinematográfica.

Joonas Suotamo y Alden Ehrenreich.

Ron Howard se hace cargo de la película prácticamente sin rechistar, acostumbrado a las producciones menos abiertas con los realizadores, hace un trabajo correcto, amoldándose a lo que se le ha pedido y sin arriesgar un ápice en lo que a cine de acción-aventuras se refiere.

En este aspecto Han Solo: Una historia de Star Wars no aporta novedades, está rodada con un estilo clásico, con cierto aire a western espacial, pero sin detenerse mucho en los personajes, quizá uno de sus principales defectos. Por delante nuestro desfilan nombres que nos suenan, nombres de los que querríamos saber más.

Pero la película es un buen ejercicio de entretenimiento, sin diálogos infantiles, como sucedía en algunas escenas de la cinta de Edwards. Tampoco hay tiempo para sorpresas, desenlaces sorpresa… es una película muy medida con un espíritu aventurero, todo hay que decirlo, bastante escaso.

El sustento de la obra a nivel interpretativo reside mucho en los secundarios, encabezados por un Woody Harrelson en el papel de Becket, contrabandista legendario (o eso parece, nadie nos dice nada más), líder de la banda y que cumple con solvencia y con creces, un papel con el que es fácil empatizar. Sobre el protagonista, aunque el esfuerzo es loable, resulta complicado a veces hacerse a la idea de que estamos ante un jovenzuelo Han Solo. El problema no es sólo de Enrenreich, sino del guión, en donde casi no se enfatizan muchos aspectos del personaje que lo han convertido en tan icónico.

Han Solo: Una historia de Star Wars juega mucho con los claroscuros de los personajes, con la duda, con el pasado (aunque no nos den demasiados detalles). Se ha sabido transmitir bastante bien la sensación de desconfianza que pulula por toda la película, uno parece que no puede fiarse de ningún personaje y en donde, una vez más, y esto ya es marca Disney, el villano no termina de ser lo despiadado que debería.

Llama la atención la música de John Powell, sustentada en el magnífico tema de John Williams (quizá si Rogue One: Una historia de Star Wars hubiera tenido una base “Williams” habría sido mucho más interesante).

A nivel técnico/visual, la película no arriesga, con efectos digitales actuales, sin grandes acrobacias pirotécnicas y con una potencia visual más que correcta (el arranque o la secuencia del atraco al tren, podrían ser las más destacadas). No ha habido racaneo en este aspecto, pero claro, con Star Wars, uno no puede andarse con miramientos en este campo.