Hasta el último hombre
Hacksaw Ridge ● 2016 ● Australia-USA ● 2h 19min
”Gibson vuelve a lo grande, aunque no como muchos esperábamos.”
★★★★★






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Ya han pasado diez años desde la última cinta dirigida por Mel Gibson, la espectacular Apocalypto, y aún con todo y con eso, el australiano sigue estando en forma, aunque quizá no de la manera en la que a muchos nos gustaría.Y es que con Hasta el último hombre (2016), Mel Gibson vuelve a tomar una fuente real como inspiración para contar una historia, en este caso la del médico militar Desmond Doss, el primer soldado en recibir la Medalla de Honor del Congreso sin dar un solo disparo. Doss, que se declaró objetor, fue objetivo de críticas, burlas y hasta consejos militares, pero su obcecación y su fe, consiguieron colocarle donde la historia parecía querer ponerle.

Estructurada de una forma muy sencilla (en tres partes, por decirlo de alguna forma), Hasta el último hombre supone el regreso a la II Guerra Mundial para el cine, uno de los períodos más fructíferos para contar historias vistas en pantalla grande. La cinta luce correctamente, sobre todo en su segunda mitad, desembocando en una factura interesante pero sin demasiadas pretensiones.

Y es que quizá el listón del Gibson director haya quedado muy alto, con obras tan espléndidas como Braveheart (1995) o incluso su debut tras las cámaras, El hombre sin rostro (1993). Con Hasta el último hombre, uno tiene sensaciones encontradas, aunque finalmente terminar por imponerse lo que toca, y la cinta llega a ser sencillamente entretenida, pudiendo haber sido algo mucho más ambicioso y profundo.

Y es sobre todo en su primera mitad, en donde conocemos la vida del protagonista, donde parece fallar, con algunos pasajes un tanto sobrios que llegan a veces a recodar incluso productos para televisión.

No es hasta cuando se entra en faena, cuando Gibson se pone serio y despliega su arsenal técnico para demostrar lo que todas las cintas bélicas muestran. El horror de la guerra, el compañerismo, lo malvado que es el enemigo… clichés que poco o nada aportan a un género que trata de buscar siempre algo más.

Aquí ese “algo” viene determinado por el personaje de Desmond, interpretado por un correcto Andrew Garfield, cuya cristiana educación le hacen ver que en la vida, hay muchas más formas de resolver las cosas, sin tener que recurrir a la violencia, a pesar de haberse criado en un ambiente bastante problemático.

Y es que hay partes del mensaje de Hasta el último hombre que resultan un poco caducas, y en ciertos momentos incluso panfletarias. Gibson se ha dejado llevar por su conocido fanatismo católico (que ya demostró en La pasión de Cristo (2004)), dotando al personaje de una sensibilidad que lo marca durante toda la película.

Pero tampoco hay que olvidar la peligrosidad con la que Gibson afronta esta historia. Por un lado remarca el pacifismo del personaje de Garfield (a quien se le echa en falta mucho más desarrollo de esta faceta), y acto seguido nos endosa una enorme secuencia bélica, echando al traste el aparente mensaje que la película pudiera tener hasta entonces.

Gibson parece estar más interesado en filmar su gran secuencia bélica a la que pocos “peros” la podemos poner a nivel técnico, aunque después de Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998), pocas cintas similares logran sorprender.

Todo ello aunado en un guión bastante simple, con pocos matices (y mira que la historia da para ello). Pero aún con sus defectos, y con ese brumoso discurso, la cinta se deja ver y técnicamente no está demasiado mal, pero no llega a ser una cinta inolvidable.