Hellboy
★★★★★
Con un guión bastante mejorable, el resultado es muy desigual.

Hellboy (Neil Marshall, 2019)

La acogida de la adaptación del cómic de Mignola por parte de Guillermo del Toro fue, a groso modo, buena por parte del público. El director mexicano tenía, por lo que parece, carta blanca para adaptar a la gran pantalla el imaginario del creador californiano. El resultado se tradujo en dos entregas que, si bien El ejército dorado (2008) no superaba a la primera, al menos quedaba en un escalón bastante digno.

La fiebre de Hollywood por los “reboots” o reinicios de personajes, le ha llevado a contar lo mismo en varias ocasiones, con el consiguiente tedio por parte de muchos. Pero en todo esto, la jugada te puede salir bien, como sucedió con la trilogía de Batman de Nolan, o bien te puede salir mal, como hizo Zack Snyder con El hombre de acero (2013).

Ahora y tras alejarse del personaje, Del Toro ha dejado el puesto al británico Neil Marshall, un tipo rudo, con un cine bastante violento y que no da concesiones. Aunque su filmografía es un tanto irregular, si destacaríamos The Descent (2005), su segundo largometraje tras Dog Soldiers (2002). Tras unos años detrás de episodios de series como Juego de Tronos o Black Sails, regresa con esta nueva historia protagonizada por el demonio deslenguado.

Y cambia el director y también cambia el actor. El buen trabajo que Ron Perlman desempeñó en las cintas de Del Toro, se sustituye por la elección de David Harbour (visto, por ejemplo, en la serie Stranger Things), que gracias a la magia del maquillaje, logra dar bastante el pego y, a nivel visual no notamos demasiada diferencia entre el Hellboy-Perlman y este nuevo.

Pero esta Hellboy tiene más lastres que ventajas, y todo esto sin venir a comparar, ya que los tratamientos de las historias son muy dispares en función de quien haya dirigido una película u otra. Para Del Toro, el desarrollo de los personajes y dotarles de cierta humanidad (como suele hacer con casi todas sus criaturas cinematográficas) era un pilar esencial. Aquí Marshall apenas les da profundidad, porque realmente no es un director con el que primen los buenos personajes.

Más bien, los secundarios de esta Hellboy resultan vacíos, demasiado estereotipados y con poco desarrollo. Se echa en falta alguno como Abe Sapien o Liz Sherman, personajes con los que uno simpatizaba. Para Marshall, la diversión, la ultraviolencia y el entretenimiento son ingredientes que no debe faltar.

Es un punto de vista respetable, aunque no guste a muchos, y hay que reconocer que la película se molesta en mantenernos atentos, y al menos, en que pasemos un rato entretenido. Pero a muchos eso no nos basta y queremos algo más interesante además de estar jaleando o sonriendo en la butaca.

Hellboy lastra también un guión en donde todo es tan lineal que no hay sorpresas, no hay esquinas inexploradas, no hay personajes que nos sorprendan. Un enorme “pero” que deja evidente las necesidades de suplirlo con otra cosa. Y para eso Marshall es todo un artesano a la hora de montarse escenas violentas. No es equiparable, pero quizá para algunos sea más que suficiente.

Harbour como Hellboy cumple, sigue manteniendo ese toque humorístico, esa socarronería y esa manera de ser tan genuina. Al menos este aspecto está cuidado.

Ahora, si nos ponemos a hablar del villano (villana en este caso y con el rostro de Milla Jovovich) la cosa va a peor, puesto que las motivaciones son planas y simples, se intenta hacer a Hellboy partícipe de ellas con una subtrama, pero al final uno se da cuenta de que la excusa no cuela.

Una película simplona, quizá innecesaria, y que dista mucho a nivel de detalle y a nivel visual del enorme trabajo que hizo Guillermo del Toro. No deja el mismo poso, desde luego, y quizá hasta llega a hacerse un poco aburrida en determinados momentos.

Nota importante, la versión estrenada en España ha sido censurada por violenta (¿?), por lo que recomendamos ver la versión americana, que incluye el metraje y escenas que tanto director como productor han creído necesarias que estén. Desde aquí un tirón de orejas para su distribuidora española, Vértice Cine, que además escogió deliveradamente la versión censurada para estrenarla en salas.