Unstoppable ● 2010 ● USA ● 1h 38min
★★★★★

Imparable

Scott vuelve a dar lo que promete, así que la película no engaña.

Tony Scott vuelve a contar con Denzel Washington para protagonizar una nueva película. Ambos han colaborado ya en cuatro ocasiones más, por lo que el entendimiento entre actor y director seguramente alcance cotas de “camaradería”, algo que se palpa en cada plano de Imparable, cinta de acción con un correcto Washington, como siempre.

La película se centra en la historia de Frank y Will (Denzel Washington y Chris Pine), dos hombres que trabajan como conductores de tren. La primera mañana de Will junto a su nuevo compañero no podría empezar mejor. Hay ciertos choques entre ambos, pero un incidente les unirá en su trabajo todavía más. Un tren queda a merced de la naturaleza cuando, por un error humano, campa a sus anchas por las vías de la red nacional. 39 vagones que transportan una carga de productos químicos irá a toda velocidad por el estado de Pennsylvania sin que nadie pueda pararlo. Es momento de dejar a un lado las diferencias y unirse para evitar un desastre.

Viendo Imparable, se me viene a la memoria El tren del infierno (Andrei Konchalovsky, 1985) con un planteamiento similar, aunque quizá sin elementos tan políticamente correctos (en aquella cinta eran unos reclusos los que se quedaban atrapados en un tren sin control) y sin tanta carga patriótica como tiene esta película que comentamos. Principalmente se nos plantean diversos dilemas morales, aunque Scott se encarga principalmente de desviar la atención y de dejarnos únicamente el caramelo sin el papel en la mano. No hay ningún tipo de miramiento ante la historia, nada importa, sólo que se pare el tren a toda costa.

Para ello, el guión se apoya sobre una base histórica real. Un incidente sucedido en el 2001 en donde una locomotora quedó sin conductor durante 66 kilómetros. En aquella ocasión nadie resultó herido. Aquella historia de héroes, sucesos extraordinarios y sacrificios por la seguridad nacional es el caldo de cultivo de Imparable, cinta cuya principal aspiración es precisamente ensalzar los valores humanos frente a catástrofes de magnitudes importantes.

Y no hay mejor héroe para Scott que el propio Washington. Junto a él Chris Pine, debutando así en un papel con bastante peso aunque no menos importante que su “bautizo” en Hollywood con Star Trek (J.J. Abrams, 2009). Ambos funcionan bastante bien en pantalla, eso también hay que decirlo. Mientras Pine representa la inexperiencia, la juventud y el enfrentarse a un hecho de forma inesperada, Washington es la voz de la experiencia, una especie de guía que le indica el camino a seguir. En este sentido, Imparable es como una película de maestros y aprendices.

La cinta se deja ver, eso si, siempre y cuando uno esté dispuesto a seguirle el ritmo de Scott, que en esta ocasión no deja quieta la cámara ni un sólo momento, dotanto a Imparable de un ritmo casi frenético que a veces podría llegar a desesperar a mar de uno, pero todos tranquilos, por que la historia está bien contada y prácticamente no deja nada en el tintero. Scott será todo lo “videoclipero” que se quiera, pero sabe perfectamente cómo contar una historia, otra cosa es que seamos partidarios de su estilo. Ahí ya entra un poco el juicio personal de cada uno.

Imparable, sinceramente, da lo que promete. ¿Quieres acción?, la tienes, prácticamente es lo que da. Nada de obsesionarse con intentos patrióticos, porque la película sí, es un poco “americanada” si se me permite la expresión, pero es que la historia tampoco da para mucho más, la verdad. Cine honesto (de buena factura), ya sabemos qué nos va a traer Scott, no engaña por tanto, por lo que a mi respecta es una cinta cumplidora. Si alguien se espera que en Imparable haya historias dramáticas que subyacen debajo de los personajes… se equivoca de sala de cine.