Joker
★★★★★
Una clase magistral sobre cómo contar el origen de un personaje.

Joker (Todd Phillips, 2019)

Hablar de Joker (Todd Philips, 2019) no resulta interesante hablar sólo de ella como otra aproximación a un personaje de cómic, sino también sobre el giro que su director ha dado. Philips, acostumbrado a comedias alocadas como la trilogía de Resacón en Las Vegas, Aquellas juergas universitarias (2003) o Road Trip (Viaje de pirados) (2000), ha vuelto loco a más de uno con su nueva cinta, en la que consigue sacar prácticamente el máximo partido a su protagonista, un Joaquin Phoenix en estado de gracia y cuya interpretacón muchos ya califican como la mejor del año.

Bien es cierto que si a Joker le quitamos cualquier referencia al mundo del villano de DC, se queda en una película prácticamente igual de brillante. Pero el aliciente de ser una visión muy particular de uno de los malos más conocidos y reconocidos del universo Batman, le añade un pequeño plus, máxime cuando es un personaje tan querido como odiado, por lo interesante de su personalidad. Resultaría fácil caer en la caricatura o en la sobreactuación, dos cosas que muy hábilmente, Phoenix esquiva en una interpretación magnífica.

Y es que el personaje de Arthur Fleck es un caramelo para cualquier actor. Podría haberlo llevado a la parodia, al extremo de la locura, con tintes cómicos, como lo hizo Heath Ledger en El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008) quizá la interpretación más alocada del personaje y que igualmente roza lo soberbio; pero tanto Phoenix como Philips tenían muy clara su visión, un hombre atormentado en el tiempo, lastrado por su condición social/laboral, lleno de traumas, con una personalidad oscura, casi en constante sufrimiento, a pesar de todo, luchador… resultaría muy difícil no estallar en su situación.

Si esto fuera poco, Philips redondea la jugada situando a Fleck en una sociedad tan hipócrita como atractiva, en donde las diferencias sociales son tan evidentes que no hay que disimular nada en pantalla. Una Gotham (con claras inspiraciones en el Nueva York de los setenta) que se muestra como espectador ante los hechos que acaecen. Su decadencia, oscuridad y sus enormes contrastes son claros síntomas de una sociedad que se ha vuelto egoísta, despreocupada por los que padecen, y preocupada por los que la favorecen y por los que la engrandecen cada día.

Joker ahonda en la crítica social, sí, en una crítica que se puede trasladar en el tiempo, hacia delante o hacia atrás, y que siempre tendrá vigencia, porque el ser humano es así. Es precisamente Joker quien abre los ojos y se da cuenta del engaño, de la trampa de la sociedad y de que no está dispuesto a relegarse a una segunda fila, porque como él mismo dice, ahora la gente se da cuenta de que existe, pero ¿a que precio? En el fondo se rebela ante ella de la forma más radical que hay.

Joaquin Phoenix.

Durante toda la película nos rodea una atmósfera oscura, desasosegante, turbia; tenemos la extraña sensación de que lo estamos viviendo no va a tener un final feliz, y de que Fleck, tarde o temprano va a estallar.

Se ha puesto muy especial cuidado en la estética. Joker mima con rigor prácticamente cada plano, cada escena, cada secuencia, poniendo en ella todo lujo de detalles. Muestra elementos que, engranados, describen unos hechos, una personalidad, un momento. Philips y su equipo han medido casi con meticulosidad milimétrica, cada detalle que aparece en pantalla.

Aunque la película es un maravilloso escaparate para Phoenix, que acapara casi el noventa y ocho por ciento de los planos, no hay que olvidar a los secundarios que le ayudan. Comenzando por un Robert De Niro increíble, convertido en el ídolo del propio Fleck, en su aspiración en la vida. Frances Conroy, que ya trabajó en otra cinta sobre el mundo de Batman, la infame Catwoman (Pitof, 2004) da vida a la madre de Fleck, una mujer derrotada que asiste inmóvil a cómo el mundo se derrumba y su hijo con él.

Joker es una película para digerirla poco a poco, con un guión muy bien construido, con personajes que importan y aportan, con escenas memorables, un actor soberbio y una historia que despierta muchas sensaciones (dolor, rabia, ira, compasión, miedo, lástima…). Pocas películas consiguen aportar al espectador ese amplio catálogo de sensaciones y Philips lo ha sabido conjugar en una cinta que está a la altura de producciones como Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) que sirvió de inspiración para ésta, incluso.

¿La sociedad ha creado al Joker? ¿Es Joker víctima de la sociedad o algo necesario? Muchas preguntas se plantean con la película. Una cinta a la que cuesta verla defectos, sinceramente, pero los tiene, evidentemente.