Kong: Skull Island ● 2017 ● USA ● 1h 48min
★★★★★

Kong: La Isla Calavera

Un (muy) desaprovechado intento de resucitar a todo un clásico.

Han pasado doce años desde que viéramos una vez más al simio gigante más grande del cine (con permiso del gran Joe), y fue Peter Jackson quien nos lo devolvió en una cinta bastante aceptable. Ahora un prácticamente desconocido director, Jordan Vogt-Roberts se encarga de esta especie de “spin-off” sobre el hogar del gigante, con menos acierto que otra cosa, pero que nos sumerge en una entretenida propuesta.

Kong: La Isla Calavera, nos lleva hasta el mismísimo hogar de King Kong, la isla en donde empezó todo. Allí, un grupo de militares y científicos se topan con el simio, que les hace perderse enmedio de la jungla, llena de peligros y misteriosas criaturas. Deberán encontrar un camino para volver a la civilización.

Vaya por delante mi expectación ante este proyecto que, en cierto modo, arrojaba desde sus orígenes, una nueva visión sobre la bestia peluda, y que, a priori llamaba la atención al no tratarse únicamente del clásico enfrentamiento entre humano y animal. Pero quizá, los pequeños lastres que han arrastrado la preproducción de la película, la han convertido finalmente en un producto industrial y no en lo que podría haber sido algo realmente nuevo.Partiendo de la base, Kong: La Isla Calavera no tiene un guión demasiado interesante. Me explico. La historia, y los personajes pueden enganchar más o menos, pero tras el intenso comienzo, todo parece diluirse en un conjunto de “set pieces” más o menos bien rodadas con escaso interés y novedad, todo a favor de una película que simplemente busca entretener.

Y quizá ahí esté una de sus principales bazas. Ver Kong: La Isla Calavera sólo como un producto de entretenimiento es lo mejor que uno puede hacer. No es necesario ni plantearse dilemas, o buscarle tres pies al gato. Pero el guión trata de ir algo más allá, y buscar cierto trasfondo en la historia, a base de encuadrarla en una época conflictiva a nivel político.

Utilizar el final de la Guerra de Vietnam como excusa para que su “parte” militar tenga razones notables para cargarse a Kong, es tirar por lo fácil. Y eso que al principio uno tiene la sensación de que va a ver una película con matices, con cierta carga crítica. Pero desgraciadamente todo eso se queda en pretensiones.

Vogt-Roberts no ha logrado conseguir una combinación perfecta (más bien sus guionistas) entre buena historia y buena técnica. Todo se resume en escenas de acción, personajes que nos importan bastante poco, muy estereotipados y algunos hasta denostados, con ganas de que desaparezcan en pantalla. En resumen, nada nuevo a la vista.

Como héroe, se ha puesto al británico Tom Hiddlestone, más conocido por su rol de Loki en la saga de Marvel ThorVengadores, y que aquí no parece estar muy cómodo. Su personaje, que bien podría ser un nuevo héroe, un verdadero hombre-para-todo, no termina de cuajar y cuando todo se va al traste, parece saltar por la borda y construir un héroe anodino, sin alma y carismáticamente plano. Casi como el resto de secundarios que le acompañan.

Quizá el papel más destacable podría ser el de Samuel L. Jackson, encarnando un general deseoso de venganza, belicista y aunque arquetípico y con infulas del Brando de Apocalipsis Now (Francis Ford Coppola, 1979), su caracterización se contrapone con muchos de sus actos, poco sorprendentes y bastante previsibles.

Kong: La Isla Calavera tenía un buen potencial, una buena material prima, pero tanto guión como dirección, no logran transmitirnos algo más. Simplemente podemos pasearnos por la película, echando un vistazo a su sobresaliente nivel técnico y esperando, como suele pasar, a ver quien es el siguiente el palmarla.