The Autopsy of Jane Doe ● 2016 ● Reino Unido ● 1h 39min
★★★★

La autopsia de Jane Doe

Sabe mantener muy bien el suspense, pero de ahí no pasa a más.

El director noruego André Øvredal, director de la curiosa Trollhunter (2010), se introduce por primera vez en un género nuevo para él, como es el terror. Para ello y tras haber quedado impactado con la cinta de James Wan Expediente Warren (2013), se decanta por la historia que le proponen los guionistas de televisión Ian Goldberg y Richard Naing, acerca del cuerpo de una joven que llega a una oficina forense. Allí comienzan a suceder extraños sucesos que acosan a los dos trabajadores que allí realizan la autopsia, padre e hijo.

Como parece que viene sucediendo últimamente, el cine de terror no logra levantar el vuelo y contarnos algo realmente sorprendente. La gran mayoría, se afianza en historias ya conocidas, o en efectos prácticos que, a la larga, se acaban quedando grabados en nuestra mente, por lo que posteriormente no servirán para asustar a nadie, ni siquiera para crear cierto ambiente.

La autopsia de Jane Doe contiene una espléndida primera mitad, basada sobre todo en los tres personajes principales (incluído el cadáver), en su trabajo y en un atmósfera absolutamente inquietante. Tres elementos que hacen de la cinta, un auténtico aperitivo para lo que está por llegar.

Brian Cox y Emile Hirsch dan vida a padre e hijo que trabajan juntos en esta oficina forense. Ambos aportan a la cinta bastante credibilidad (por Cox no nos sorprende demasiado), logrando fácilmente que nos sintamos preocupados por lo que les sucede. Quizá el personaje de Cox sea quien tenga más peso en la historia, algo que se encargan de recalcarnos de vez en cuando.

Pero como decíamos, el terror sigue apoyándose en los mismos elementos de siempre, y cuando La autopsia de Jane Doe ha conseguido crearnos esa malsana curiosidad, se le cruza un cable y todo se vuelve previsible y vacío, como recién salido de una fábrica de películas de miedo.

Y es una pena, porque si hubiera mantenido muy bien ese ritmo, la película posiblemente habría salido redonda. Sin embargo, da la sensación de cierta prisa por terminar la función, o al menos, de no saber exactamente hacia donde tirar para que la cosa quede mejor.

La autopsia de Jane Doe cuenta con una espléndida ambientación, donde los pasillos oscuros forrados de esa madera antigua, donde las mesas de autopsias brillantes (sólo rasgadas de vez en cuando por algún reguero de sangre), son las que transmiten esa intranquilidad. La espléndida labor del equipo técnico, realmente nos hace partícipes de lo que pasa en ese sitio.

Pero no ha sabido cómo resolver todo, y eso que la película está bastante bien cerrada (es de esas en las que al final, encajas las piezas del principio). No hay demasiados flecos sin recortar, y los personajes parecen haber encontrado finalmente lo que buscan, sólo al final, tan truculento como previsible.

La autopsia de Jane Doe podría haber puesto un buen broche a la, hasta ahora, filmografía de Øvredal, sin embargo prácticamente toda la película queda ensombrecida por su elevado nivel técnico, en el que incluimos la angustiosa fotografía de Roman Osin, poco dado a tocar el género que tratamos aquí.