Dans la brume
★★½★★
"Un entretenido y vacío producto, que desaprovecha muchas posibilidades"

La bruma (Daniel Roby, 2018)

El cine de catástrofes es tocado por la industria francesa, que no acostumbra precisamente a ello, pero que si es bastante capaz de tocar los elementos que lo han hecho un subgénero al menos entretenido. Además, siempre tiene esa posibilidad de poder contar algo más y utilizar como fondo ese acontecimiento, esa tragedia. Daniel Roby, cuya corta filmografía prácticamente no conocemos en España dirige La bruma (2018).

Una mañana, Mathieu llega de un viaje a su casa. Va a ver a su mujer y a su hija, que vive recluida en una especie de cápsula aséptica que la mantiene aislada del mundo, debido a una enfermedad. Pero esa mañana, algo extraño sucede, un pequeño temblor de tierra y del metro empieza a emanar una extraña bruma que asfixia a todo aquel que entra en ella.

El planteamiento de la cinta de Roby bebe de varias fuentes, casi todas no han sabido explotar demasiado bien su premisa, y terminan cayendo en ejercicios más o menos entretenidos, en donde a su director no le ha importado nada sacrificar mensajes y dejar que todo sea un espectáculo más bien genérico, hecho en fábrica.

Con Roby, en general con el cine francés, uno quizá puede tener la esperanza de que la artesanía prime sobre lo mecánico y, tal y como están las cosas con los galos, la historia que se plantea en La bruma, podría ser una interesante comparación sobre la amenaza que se cierne sobre ellos en cuanto a materia de terrorismo religioso se refiere. Roby lo tenía casi en bandeja, podría habérselo currado más (él y sus guionistas) y haber sacado una buena tajada de realidad de todo eso, sin caer en el morbo o en el mero cine espectáculo.

Pero por alguna razón, ha sucumbido a lo evidente y deja atrás cualquier atisbo de esperanza por encontrarnos una película, al menos, diferente, con otro sabor, con otros elementos… no encontramos nada nuevo, pero al menos nos entretiene. Sí, es una oportunidad perdida, pero era algo a lo que también nos ateníamos.

Su buen arranque, su buena puesta en escena y sus buenos efectos especiales, son quizá las herramientas más potentes con las que cuenta la película, que siempre navega entre dos terrenos, el drama y el thriller.

Gracias igualmente a la pareja de actores protagonistas (Romain Duris y Olga Kurylenko), la parte dramática no presenta demasiadas virtudes, es más, no conseguimos en ningún momento, emocionarnos o simpatizar demasiado con los personajes en este terreno, quizá por que somos conscientes de que todo les va a salir bien, aunque haya pequeños tropiezos por el camino. La acción en este punto, está demasiado planificada y no da lugar a posibles giros inesperados.

En cuanto a la vertiente menos dramática, son secuencias muy sueltas las que pueden llegar a mantenernos con cierto interés. Pero tienen el mismo defecto que, su planificación y ejecución, resultan tan evidentes que al final uno tiene la sensación de que lo que La bruma le cuenta, ya lo ha visto antes.

A pesar de todas estas taras, la película se deja ver si entramos en su juego, en su dinámica y en su punto de vista. Si vamos con la idea de emocionarnos ante un drama de superación, o ante la idea de “familia unida nunca será vencida”, quizá no sea la película que buscamos.

Hay ciertos detalles que no están bien pulidos, la relación entre los dos protagonistas (sí, pero no), la parte dramática de la hija resulta realmente vacía y con poca garra, y ni siquiera el elemento de la pareja de ancianos que ayudan a los personajes sirve para apelar a la nostalgia, o a los sentimientos más primarios. Nada de eso llega a emocionarnos.

Es por eso que Roby, y reitero, ha desaprovechado una buena oportunidad para elaborar un discurso terrible, cargado de miedo e incertidumbres, y con mucha más enjundia que en lo que se ha quedado La bruma. No sabemos si era su intención, aunque a tenor de algunas frases (en concreto una de ellas) que aparecen en la película, me inclino a pensar que sí.