The Darkest Hour ● 2011 ● USA ● 1h 39min
★★★★★

La hora más oscura

Su historia da para una película con algo más de chicha.

El cine apocalíptico siempre ha sido un filón interesante para la taquilla. La idea de quedarnos solos ante lo que podría ser el fin del mundo, resulta (al menos cinematográficamente) atractiva. La hora más oscura (2011) podría enmarcarse, por elementos, en ese género.

La carrera de Chris Gorak iba enfocada hacia la arquitectuta, pero su participación en producciones tan notables como Miedo y asco en Las Vegas (1998, Terry Gillian), El club de la lucha (1999, David Fincher) o Minority Report (2002, Steven Spielberg), le dejaron la posibilidad de que algún día pudiera dirigir un largometraje. Aquello desencadenó En la puerta de casa (2006) película que en España sólo pudimos ver en el mercado doméstico, pero que le dió a Gorak un importante premio en Sundance y la posibilidad de hacer un largometraje con más presupuesto.

La hora más oscura, segunda película de su director detrás de las cámaras, cuenta la historia de un par de amigos que viajan a Moscú a presentar un proyecto profesional. Las cosas no salen como esperan y terminan en un bar de copas atrapados por unos extraños entes invisibles que liquidan todo a su paso. El camino a la supervivencia pasa por atravesar la ciudad y llegar a una zona segura.

Quizá si no fuera por que La hora más oscura es una cinta medianamente entretenida, ni siquiera se hablaría de ella. Y es que reúne demasiados clichés como para intentar innovar en un subgénero bastante sobre explotado y trillado, del que poco o nada de originalidad podemos ver en las recientes aproximaciones de la industria cinematográfica.

Gorak ha tomado una idea bastante original, ya no sólo por su ubicación geográfica (no, aquí no pasa en los Estados Unidos), sino por algunos ingredientes que la convierten en carne de cinta un poco “guilty pleasure” para muchos seguidores de la ciencia ficción más justita. Si le arreglásemos bastante su guión (quizá su lacra más notable) y le pusiéramos un protagonista con más carisma que Emile Hirsch, podría hasta incluso funcionar medianamente bien en taquilla (peores cosas se han visto).

Su estructura de videojuego permite hasta encariñarse de ella, verla por inercia e incluso saborear algunos (muy pocos, todo hay que decirlo), momentos de tensión. Pero su guión plantea situaciones ya vistas, algunas un tanto previsibles y el reparto no es que ayude precisamente (hablamos de todos, cuidado).

Atrás quedaba la originalidad de su opera prima En la puerta de casa (2006) donde los elementos de la supervivencia, el aislamiento y el enemigo desconocido, también estaban patentes, sólo que el espacio se reducía a una casa. Chris Gorak parece haber llevado la historia que siempre ha tenido en mente, a un escenario más amplio, pero no ha tenido en cuenta que esto requería de un tratamiento, cuanto menos, original si quería que la jugada le saliese redonda.

La película no se para a plantearse mucho más, ni porqués, ni si hay algo detrás… nada, va a lo que va. Es una cinta directa, que no tiene mucho donde coger y que su mero propósito (por mucho que nos lo quieran intentar vender) es el de entretener. Si no tienes mucho en qué pensar, te irá bien, pero si intentas buscar algo donde no lo hay, olvídate. La hora más oscura es una cinta un tanto insípida cuya historia podría haber dado mucho más de si.

De todo el conjunto, quizá se salve el apartado técnico. Los efectos están bastante logrados y hasta incluso el concepto de los invasores, también resulta interesante.