La isla mínima
La isla mínima ● 2014 ● España ● 1h 45min
”Le faltan muy pocas cosas para ser una cinta redonda.”
★★★★






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Tras las buenas críticas cosechadas con su anterior película, Grupo 7 (2012), el director sevillano Alberto Rodríguez, sigue sin salir de Andalucía con La isla mínima, su nuevo e inquietante trabajo. Una obra en donde el thriller sin duda llena por completo la pantalla, en base a una sencilla historia, quizá de lo menos sorprendente de su conjunto.

Estamos en 1980, en las marismas del río Guadalquivir. Allí viajan dos policías, uno veterano y otro más joven. Ambos investigan la desaparición de dos hermanas. Lo que no saben es que allí, hay una ley, y no están dispuestos a que nadie de fuera la quebrante.

La relación entre el thriller y el cine español siempre ha sido buena. Quizá había siempre dos elementos que no terminaban de redondear los títulos. Su reparto y su guión eran dos pequeñas losas que, en la mayoría de ocasiones, enturbiaban un trabajo bien hecho. La isla mínima consigue que olvidemos la primera, pero el guión sigue siendo su asignatura pendiente. Y no porque no termine de cuajar, sino porque parece mermado por alguna razón. Personajes secundarios que necesitan más tiempo, algunos pasajes densos, un clímax decepcionante… son algunas pequeñas astillas de un guión que no termina de estar totalmente fino.

Por otro lado, la interpretación, quizá sea una de sus mejores apuestas. Ya no sólo por la espléndida pareja protagonista (Javier Gutiérrez y un sorprendente Raúl Arévalo), sino por todo los personajes que rodean al dúo de policías. Desde Antonio de la Torre, pasando por Nerea Barros, Jesús Castro (protagonista de otro éxito como El niño (Daniel Monzón, 2014)) o Manolo Solo. En este apartado, la dirección de actores de Alberto Rodríguez es realmente especial. Consiguen todos transmitir lo que buscan, y el viaje que los transforma, en ningún momento se vuelve aburrido o abrupto.

Pero un thriller no puede ser redondo sólo porque sus intérpretes estén bien (podría, pero no sería suficientemente redondo). El realizador conoce bastante bien el terreno de la acción de La isla mínima y por ello, ha sabido sacar el mejor partido a los escenarios semidesérticos de las marismas, con planos aéreos (apoyados por técnicas CGI) y escenas bastante espectaculares. A esto, hemos de sumarle un trepidante montaje cuando es necesario, con ideas sorprendentes que mantienen la atención del espectador en todo momento.

La isla mínima es una isla dentro del género en la cinematografía española. Una isla por que ha apostado por muchas cosas que antes, apenas tomaban protagonismo. El director consigue transmitirnos la atmósfera inquietante y desasosegante, donde uno siempre está alerta o tiene la sensación de que algo malo va a pasar, de que alguien oculta algo.

Sin ser reiterativo, el guión quizá no sea el mayor fuerte de la película. Además su clímax (espectacularmente rodado con esa luz y esa lluvia) exigía algo más grande, más llamativo. Por el contrario, Rodríguez, se decanta por una resolución incompleta (hay personajes que entran y salen de la trama y no sabemos mucho de ellos) pero a la vez rotunda.

La isla mínima es una buena cinta no ya sólo para gastar cien minutos, sino para comprobar que despacio y con buena letra, las cosas salen muy bien.