Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio
The Adventures of Tintin ● 2011 ● USA-Nueva Zelanda ● 1h 47min
”Una película simplemente disfrutable.”
★★★★






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Había estado unos cuantos años alejado de las cámaras como director. La última entrega de Indiana Jones les parecía, a unos cuantos, una especie de punto y final para un director al que “sepultaban” en la repetición y en el hastío. Bien, nada más lejos de la realidad, y es que enterrar a Spielberg es cosa seria. Para resarcirse de ese pequeño manchón en su carrera que fue la película del 2008, ahora recrea en 2D y 3D las aventuras del héroe belga creado por Hergé, en una espectacular producción.

Sin apenas introducción de personajes, la película nos cuenta la historia de Tintín (con la voz de Jamie Bell), un joven periodista que, acompañado siempre de su perro Milu, compra lo que parece una baratija en un mercadillo de la ciudad. Pronto, alguien se empieza a interesar por lo que ha adquirido a precio de ganga, y tras una serie de extraños acontecimientos, termina en un barco mercante camino a Marruecos, donde conoce al capitán Haddock (un espectacular Andy Serkis), un marino con un pasado muy interesante. Entre los dos vivirán una aventura inolvidable.

Quizá Spielberg sea de los pocos directores capaz de recuperar su propia esencia en el caso de que algunos la hayan “traicionado”. Ya lo hizo con Super 8 (2011), de J.J. Abrams y lo vuelve a hacer con esta película. Y es que da la sensación de que estamos ante un nuevo Indiana Jones, ante esa película que siempre quiso rodar del famoso aventurero-arqueólogo, y más si nos atenemos a las últimas declaraciones hechas por él mismo.

Por otro lado, ha sabido esperarse lo suficiente para elaborar una cinta de diez a nivel técnico (al menos a día de hoy) y aunque adolece de cierta falta de profundidad en personajes (parece que da por sentado que conocemos a Tintín y a su universo), la película es fresca, entretenida, muy divertida y absolutamente absorvente. Spielberg sabe darle a la audiencia lo que quiere y mantiene todavía su punto de director que conoce a la perfección qué producto nos está vendiendo, algo muy difícil hoy en día.

Con todos los ingredientes de una buena película de aventuras (malos, persecuciones, personajes oscuros, historias pasadas…) el cóctel que resulta en Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio es súmamente interesante. Además, el director se permite el lujo de autoreferenciarse y se atisba entre Haddock y Tintín, la misma buena química que en su día había entre Sean Connery y Harrison Ford en Indiana Jones y la última cruzada (1989). Quizá también echemos en falta algo más de metraje, y es que a pesar de su duración parecen faltarle algunos pequeños detalles. Por lo demás, muy pocas pegas podemos ponerla, sinceramente.

La experiencia de Spielberg con el 3D es casi tan vacía como lo fue la de Michael Bay con Transformers 3: El lado oscuro de la Luna (2011). Y es que el director no saca provecho de esta técnica salvo en un par de ocasiones, por lo que sintiéndolo mucho, la cinta no merece demasiado verla de esta forma. No es nuevo, y es que es muy complicado sorprender con el 3D, que parece estar destinado a convertirse más en un reclamo para taquilla que en una verdadera técnica a explotar.

Dosificando muy bien la acción, la aventura, y los personajes, Spielbeg se vale de tres de las historias de Hergé (a saber, El secreto del Unicornio, El tesoro de Rackham el Rojo y El cangrejo de las pinzas de oro), publicadas entre finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Quizá para los seguidores se salte ciertas “reglas” como presentar personajes fuera de tiempo o añadir elementos que no corresponden. Pero en conjunto la película resulta un espectaculo muy digno de ver, sólo por la aventura merece la pena.

Para los que esperan todavía ese lado más dramático de Spielberg, tendrán que esperar un poco más, y es que Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio no marca precisamente por su calidad como producto meramente cinematográfico. A pesar de ello, la película es extremadamente disfrutable y… ¡que narices!, es Spielberg.