The Hunger Games ● 2012 ● USA ● 2h 22min
★★★★★

Los juegos del hambre

Es una película un tanto irregular.

Suzanne Collins publicó en el año 2000 la primera de las novelas que formaría la trilogía de Los juegos del hambre. Rápidamente se hizo con el primer puesto de ventas en novelas adolescentes, a pesar de lo cruel de su propuesta. Hollywood ha visto rápidamente el filón de una nueva saga y no ha dudado en hacerlo realidad, aunque no precisamente con excesiva fortuna.

Quizá la corta filmografía de un director como Gary Ross haya hecho mella en el que es su tercer trabajo como director. Tanto Lionsgate como Warner Bros. sabían la no necesidad de un director con experiencia probada, puesto que Los juegos del hambre haría taquilla sí o sí. El único ingrediente que era necesario para el éxito era su buena traslación al cine. Afortunadamente se hicieron con los servicios de la propia autora para escribir un guión que, aunque bien estructurado, adolece de muchas fallas y de excesiva redundancia en algunos aspectos.

Ni siquiera la colaboración estrecha entre Collins, el propio Ross y Billy Ray ha podido levantar una historia que bebe de muchas fuentes y que poco o nada viene a aportar a nuestras vidas y haciendas. El show de Truman (1998), Battle Royale (2002), 1984 (1985) o ecos de El malvado Zaroff (1933) se dan cita en este cóctel edulcorado (demasiado, quizá) hecho para contentar a unos fans, ansiosos por ver a Everdeen en carne y hueso. La cinta es quizá, muy “light” para lo que cuenta, notándose demasiado que está fabricada para un público algo más ingenuo. Si se me permite, es quizá el mayor desacierto de la película.

Y es que, Los juegos el hambre, en manos de otro artesano quizá podría haber salido mucho mejor parada. Ross no es un maestro planificando escenas, y mucho menos Tom Stern (fotografía), más habituado a un cine pausado y tranquilo que a esta supuesta montaña rusa de película, donde los puntos más altos no se han tomado para nada en serio, resultado algunas escenas “de acción” muy fallidas y en donde todo pasa sin que nos demos cuenta de lo que pasa. La cámara no sabe dónde colocarse, simplemente trata de confundirnos, y si es así, entonces lo ha logrado.

Además de sus carencias como producto cinematográfico a nivel técnico, la interpretación del elenco completo no está muy forzada. Es ahí quizá donde Ross ha puesto toda la carne en el asador, elaborando los personajes principales con bastante seriedad y dando de lado a otros que, quizá habrían sido interesantes presentar (entendemos que más adelante se hablará de ellos). Puntualizamos que, salvo Woody Harrelson, el resto son absolutamente intrascendentes (sí, han leído bien, Woody Harrelson).

Los juegos del hambre no se para a explicar el porqué de su nacimiento, el porqué de su trasfondo (en el fondo una revolución que nace de la propia necesidad de un pueblo oprimido), no se para a pensar en cómo el Capitolio, por ejemplo, ha llegado a ridiculizarse tanto por la excesiva ridiculez de los que lo habitan. No se para a pensar en ciertos aspectos que parecen importantes, sin embargo se nos detiene en otros absolutamente prescindibles y simplemente hechos con el objetivo de contentar al lector y que, por otro lado, parece que tratan al espectador como un absoluto desconocedor de todo.

La cinta entretiene irregularmente, a pesar de las fallas que hemos comentado. Ross siempre ha sabido manejar bien los “tempos” y con Los juegos del hambre no ha decepcionado en ese aspecto. Si bien se ha escatimado en cuanto a fondo, la forma tampoco ha salido de diez, pero si podemos hablar de una cinta rentable. Incluso el romance impostado que nos cuelan (sí, es algo que no puede cambiar en Hollywood) parece un buen punto de partida para futuras continuaciones. La película, en realidad no esconde nada, porque no quiere.