The Magnificent Seven ● 2016 ● USA ● 2h 13min
★★★★★

Los siete magníficos

Innecesaria, demasiado larga y absolutamente vacía.

Hacer lo mismo dos veces, siempre se ha dicho que resulta bastante inútil, por eso no es casualidad que las modernización de clásicos del cine, nunca sea un calco del original, sino que incluyen algún aliciente, o algún ingrediente que los haga atractivos al público de hoy.

La cinta de John Sturges Los siete magníficos (1960), supuso la reunión en una sola película, de grandísimos nombres del cine, como Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson o Eli Wallach, por citar algunos. Un reparto tan espectacular como digno de una cinta maravillosa, convertida hoy en todo un referente, además de un emblemático título del cine aventuras ambientado en el lejano oeste.

Pero también resulta prescindible, hacer lo mismo, si el resultado no alcanza un mínimo exigido. Antoine Fuqua, que evolucionó de un cine serio (Día de entrenamiento (Training Day) (2001)) a uno más comercial (Objetivo: Londres (2015)) es ha enrolado en esta especie de actualización del clásico inspirado en los samuráis de Kurosawa, y que aquí sustituye el rostro de las estrellas por, más bien, estrellados actores que no terminan de saber muy bien cuál es su papel en la película.

Y es raro, porque contar con Denzel Washington, Ethan Hawke, Vincent D’Onofrio e incluso si me apuras, Peter Sarsgaard, no es tener un reparto flojo, pero si trabajo en la cinta no luce como debería, el problema, básicamente, es de quien manda.

Esta versión sin alma de Los siete magníficos, tampoco entretiene demasiado. Es excesiva e innecesariamente larga, dilatando tanto la presentación de todos los personajes, que incluso durando casi lo mismo que la cinta de Sturges, uno siente que la cosa no termina de arrancar, y eso que Fuqua conoce bastante bien el cine de acción y sabe cómo moverse con cierto ritmo.

Otro problema que arrastra la película es la absoluta falta de carisma por parte tanto del reparto como de los personajes. Washington, como todos sus personajes, parece estar anclado en aquel justiciero que intenta redimirse de sus propios actos, siempre apelando a la fe como única salida. Nada nuevo ante un actor que mostró mucho más hace unos cuantos años, cuando parecía implicarse en proyectos con más carne y con historias mucho más contenidas. A él le siguen Chris Pratt (alguien tiene que hacer gracia), Ethan Hawke, igualmente desaprovechado en un rol que bien podría haberle dado mucho más juego, o Vincent D’Onofrio, a quien echamos bastante en falta.

Aunque la premisa y la historia si son las mismas, como cinta individual (porque resulta inevitable compararla con la de Sturges) tampoco funciona. No hay mucha acción, que es lo que podría rescatarla del mundo de Morfeo, y la que hay es previsible y poco innovadora. Ni siquiera el duelo final resulta atractivo para un público que lo ha visto todo.

Tanto el director como su equipo de guionistas, parecen estar más preocupados por cómo va a quedar todo en pantalla que por lo que realmente hay detrás del mensaje. Ni un villano realmente interesante (aparece muy poco en la película) con poca acción y cuya interpretación de Sarsgaard, bien podríamos olvidar (sus muecas de villano ya las tenemos bastante aprendidas).

Innecesaria es la palabra que mejor define a esta versión de Los siete magníficos (esperemos que no se lancen también a hacer una nueva de la secuela de Burt Kennedy). Ni siquiera nombres importantes en su reparto logran levantarla como producto independiente, pero existiendo una original mejor y con más talento, ¿para qué perder el tiempo en ver ésta?