Lucy ● 2014 ● Francia ● 1h 29min
★★★★★

Lucy

Un vacío intento de hacernos reflexionar sobre la evolución humana.

Quizá cuando hace años el francés Luc Besson anunció que dejaba el cine, no hubiera sido tan mala idea que el director de títulos tan emblemáticos como Nikita, dura de matar (1990) o El quinto elemento (1997), se hubiera dedicado a otros menesteres cinematográficos, ya que con cada nuevo trabajo tras las cámaras, vemos como su capacidad no está ni mucho menos, como la de aquellos años.

Lucy (la décimoquinta cinta del director) es una joven dedicada a “lo que sea” con tal de llevarse algún dinero. Un día, un amigo suyo le mete en una pequeña trampa, la de transportar una sustancia muy peligrosa en su estómago. Ella no lo sabe hasta que es demasiado tarde, pero por un accidente, su vida y su entorno cambiarán radicalmente, teniendo la posibilidad de usar el 100% de su cerebro y lo que eso conlleva.

Partiendo de una premisa muy interesante, ¿qué pasaría si usáramos el 100% de nuestro cerebro?, Lucy poco a poco va desvaneciéndose en una producción más del montón, sin llegar a explotar realmente lo que supone su historia, llevada quizá, cuesta abajo. Esto significa que no esperemos un final tan espectacular. Si bien es cierto, que Besson ha echado la vista atrás y ha tomado algunos trabajos suyos como referencia, para más señas la cinta de Jean Reno y Nathalie Portan, El profesional (Léon) (1994), con la que parece compartir alguna que otra escena similar.

Con un prometedor arranque y unos primeros minutos muy bien desarrollados, la película va desencadenando poco a poco en una especie de tránsito entre el género de la acción y el de la ciencia ficción (últimamente muy de la mano), y quizá logra descolocar en ocasiones al espectador, que asiste desarmado, a una serie de anotaciones absolutamente delirantes en las que, casi como científicos, se intenta justificar la historia.

Lucy pretende entretener, y lo cierto es que su historia y su duración, están muy cerca de lograrlo, pero la mente de Besson ha calculado otro final y lo que podría haber sido algo más tranquilo, más convencional (que no pasa nada en el género de la acción, tranquilos), se vuelve algo casi retorcido, inexplicable y vacío hasta decir basta.

El director ha sabido manejar tanto los hilos de la historia (si es que realmente quería contar eso), como a un grupo de actores en la que sólo destacamos tres nombres. Johansson, Freeman y el coreano Choi Min-sik (protagonista de la alabada Old Boy (Park Chan-wook, 2003)), están correctos, en papeles bastante superficiales y que poco tienen que aportar a la historia. Quizá algunos aspectos de la propia Lucy puedan destacarse entre tanta parafernalia. No es una película de actores, como solíamos ver en el cine de Besson, pero al menos cumplen.

Caracterízado siempre por su estética visual y sus imágenes (no en vano Besson ha bebido mucho de la publicidad), el director se ha marcado con Lucy una película muy incompleta, incomprendida para el público menos exigente y en general una cinta bastante escasa en sus propuestas. Una lástima, ya que con esos elementos podría haber cocinado algo con más intensidad y sabor.

En un intento de hacernos reflexionar sobre nuestra evolución, Besson no convence con Lucy, cinta con entretenimiento irregular y con una premisa que puede hasta incluso engañar.