Peppermint
★½★★★

Matar o morir (Peppermint) |(Pierre Morel, 2018)

Una historia que ya hemos visto otras veces con un guión demasiado rígido.

Allá por el año 2001, la actriz Jennifer Garner protagonizaba una de las series de acción de más éxito de la época. Producida y creada por J.J. Abrams, Alias la metía en la piel de Sydney Bristow, una camaleónica agente clandestina con increíbles habilidades para el combate y supervivencia. Años después, la protagonista, volvía a tocar la acción con la película La sombra del reino (Peter Berg, 2007), y desde entonces no ha sido un género por el que haya vuelto a transitar.

Ahora, bajo la batura de Pierre Morel, se pone en la piel de Riley North, una ejecutiva de un banco que, tras presenciar la muerte de su marido y de su hijo, decide tomarse la justicia por su mano y acabar con quienes le arruinaron la vida, aunque tenga que sacrificar la suya.

Si bien la historia de Matar o morir (Peppermint) no es precisamente un alarde de novedad, por lo menos reconforta saber que Jennifer Garner sigue en forma, a pesar de que no es un género (el de la acción) que haya tocado demasiado. La comedia y el drama han sido sus compañeros de carrera en los últimos años y la actriz demuestra aquí que las escenas más dramáticas son lo suyo (dentro de unas limitaciones, claro).

El castigador (cómic de MARVEL), la saga Equalizer (con Denzel Washington) o las cintas de John Wick, son algunas de las comparaciones que se han hecho con esta película, y aunque, efectivamente, la base argumental es la misma, los deseos de venganza ante la muerte de un ser querido (ser, o perro), en esta ocasión la premisa se apoya en otro pilar, la ineficacia de la justicia ordinaria, sin duda el detonante para que el personaje de Garner actúe como una vengadora.

El personaje del justiciero, que ya hiciera famoso hace unos años Charles Bronson con su personaje de Paul Kersey, y su descafeinado “remake” con Bruce Willis de protagonista (hablamos aquí de él), retoma las calles y de nuevo se suceden los clichés en, prácticamente, todos los elementos de la historia. La policía que les pisa los talones, el villano de turno con enfrentamiento final, alguna que otra escena resultona… lo cierto es que la película no se libra de comparaciones o “deja vu”.

Y es que uno de sus principales defectos (quizá el principal) sea el guión. En Matar o morir (Peppermint) no hay prácticamente sorpresas, todo está medido, estrictamente dibujado para que el resultado sea el que tiene que ser, para que el mensaje sea el que tiene que ser, y a esto hay que sumarle unas cuantas situaciones que resultan bastante poco serias (a tenor del tono de la película).

La película resulta, al menos, entretenida, pero dado que la historia parece ser un reciclado de otra, al menos deberíamos exigirla algo más y es ahí donde entra la lacra de su guión. No es demasiado abierto y no deja tampoco lugar a sorpresas, giros inesperados o algo que nos incite a pensar mas allá de lo que vemos en pantalla.

Garner está correcta, aunque destaca, y el resto de secundarios cumplen con el cometido que Morel (por cierto, director de la primera Venganza) les pide, con lo que podemos decir que Matar o morir (Peppermint), sin ser una maravilla, logra entretenernos en base a personajes muy básicos, arquetípicos pero con carisma y con los que es fácil simpatizar.

Eso sí, no pretendamos encontrar nada más en una película que, sencillamente no busca nada más. Teniendo a Garner, quizá habría sido mejor explotar su lado dramático, aunque Morel no es precisamente un director de ese tipo de productos. Mejor dejarlo como está.