Midnight in Paris ● 2011 ● USA-España ● 1h 40min
★★★★★

Midnight in Paris

Abrir un festival de cine tan europeo e importante al mismo tiempo como lo es el reciente Festival de Cannes, para Woody Allen es quizá todo un halago, aunque conociéndolo quizá le parecería indiferente. Pero si encima lo haces con una cinta que habla sobre París, pues podría ser rizar el rizo, pero para este caso lo dejaremos en una bonita anécdota.

Midnight in Paris (o Medianoche en París, en algunos sitios se ha traducido) nos traslada a las increíbles calles de la llamada “ciudad del amor”. Allí acaba de llegar Gil Pender (Owen Wilson), guionista de éxito que va a lanzar su primera novela. Junto a él su pareja, con la que va a casarse en unas semanas. También viajan con ellos los padres de la futura novia. En un intento desesperado de que alguien le comente su obra, Pender es trasladado, sin saber cómo y de forma surrealista, al París de los años veinte, donde cada medianoche conoce a grandes personalidades de las artes.

Como sus anteriores obras, Allen mantiene siempre esos pequeños lazos que las interconectan sin llegar a ser complementarias. Aquí vemos atisbos de otras películas, pero siempre desde un punto de vista nostálgico lo que nos ha hecho regresar al Woody Allen más contemporáneo pero sin perder la frescura que parecía que estaba perdiendo desde que se ha “mudado” a Europa. Desmontando a Harry, obra del 98, es quizá la película que más se aproxime a esta cinta.

Midnight in Paris comienza directa, con unos casi diez minutos de preciosas postales parisinas que abarcan prácticamente un día, una estación (sol, lluvia, de nuevo sol…)… ¿quién no se sentiría atraído por viajar a esta ciudad?. En este aspecto el director plantea muy bien las cartas (en este caso el escenario) antes de repartir la baraja.

He de confesar mi reticencia en cuanto supe que Wilson encabezaría el reparto. No le veía como un actor con suficiente peso como para hacerse cargo de una historia de Allen, pero sinceramente he salido bastante sorprendido de lo bien que se ha manejado (o lo han manejado) en esta comedia. Y es que Gil Pender tiene muchos rasgos del propio Allen, es como una especie de reflejo borroso del director y de sus personajes, con sus inseguridades, sus dudas, su cabezonería… Me rindo ante es espléndido trabajo de Owen Wilson, espero que Medianoche en París sea un punto de inflexión en su (ultimamente) destartalada carrera cinematográfica.

Y es que toda la película gira en torno a él, en torno a esa novela que no logra publicar por su miedo al fracaso, por su inseguridad ante decisiones importantes. Su refugio no es otro que la época que más le gusta, el París de los años veinte (eso y el caminar por un París lluvioso). Figuras como Cole Porter, Ernest Hemingway, Luis Buñuel, Gertrude Stain, Salvador Dalí, Scott Fitzgerald y hasta el mismísimo Pablo Picasso, deambulan a sus anchas por esta historia. Mezcla de realidad y ficción, por parte del protagonista que también hemos visto en títulos como Sueños de un seductor (1972) o La rosa púrpura de El Cairo (1985). En ambas también se palpaba esa inseguridad en los pesonajes.

Acompañando a Wilson, un elenco de secundarios encabezados por un soberbio Michael Sheen. El británico, en un alarde en ocasión de cierta imposta interpretativa (a propósito, claro), es quizá el personaje más divertido de todos ellos. Un hombre pedante que no ceja en su empeño por demostrar sus conocimientos, y que hasta incluso parece querer levantarle la futura mujer a Wilson. La justa medida de las apariciones de Sheen hacen que despierte simpatía, de lo contrario llegaría a resultar cansino.

Es pues Midnight in Paris, una agradable velada con la ciudad, con todo lo que brinda, un hermoso paseo por la sociedad cultural de una época dorada. Woody Allen podría estar orgulloso de su resultado pues quizá sea su obra más redonda en Europa (hasta la fecha) y recupera muchos elementos que parecían perdidos hacía tiempo.

Sí echamos de lado quizá, el hecho de que la historia más personal de Pender, es decir, su relación con la mujer con la que, supuestamente, va a casarse, no sea del todo clara. Tontea con la infidelidad, si acaso podemos decirlo así, y hasta se plantea seguir un supuesto destino descrito en algún libro publicado hace años, en una graciosa escena dentro de la habitación del hotel. La película va sufriendo una especie de transformación de principio a fin.

Midnight in Paris nos ha recordado que Woody Allen es grande por muchas razones, pero sin duda por ser un director de cine con mayúsculas, de los que llevan años en peligro de extinción.