The Hole ● 2009 ● USA ● 1h 32min
★★★★★

Miedos 3D

Una película muy entretenida, aunque algunos esperen algo más.

Joe Dante es, para muchos, sinónimo de nostalgia. Director de títulos tan emblemáticos como Aullidos (1981), Gremlins (1984) o El chip prodigioso (1987), regresa al largometraje tras varios años pasados por la televisión. Miedos 3D (inefable aunque comprensible título) conserva cierta esencia del realizador.

Se echaba en falta ver en las carteleras el nombre de Joe Dante junto a los títulos de crédito de alguna película. Su cine, honesto, sencillo y efectivo, siempre ha dejado claro que el entretenimiento y el buen hacer, tienen que estar por encima de todo. No falló con una de sus últimas propuestas antes de la que analizamos, Pequeños guerreros (1998), y con Miedos 3D, Dante intenta retomar ese cine ya caduco aunque no menos interesante como es el de las aventuras de adolescentes con tintes de cine de terror.

Dane y Lucas son dos hermanos que se mudan al pequeño pueblo de Bensonville con su madre, una joven que aspira a encontrar un buen trabajo en un hospital y que “arrastra” a sus hijos para que se crien felices y todo eso. A pesar de que Dane no es muy partidario de la mudanza, intenta por todos los medios divertirse en su nuevo barrio. Una mañana, en el sótano ambos descubren una extraña trampilla cerrada con seis candados. La curiosidad les hace abrirla y a partir de ese momento comenzarán a suceder cosas muy raras que además afectarán no sólo a ellos, sino a sus vecinos.

El cine de Joe Dante tiene varios elementos que, afortunadamente, conserva en esta película. Desde hace tiempo siempre son los adolescentes los protagonistas de sus historias y se mantiene también firme al hecho de tratar de acercar el cine de terror a los niños, siempre con el cuidado que ello conlleva. En este aspecto, Dante es muy arriesgado y siempre lo ha sido, presentando historias que podrían dar miedo sin mostrar nada, pero va más allá y si hay que sacar sangre o un cuchillo, pues se saca.

Jugando con los temores y/o miedos más primarios, Miedos 3D es una cinta de aventuras con algún que otro susto, pero absolutamente inofensiva. Camufla a base de unos efectivos y artesanales efectos especiales, una historia sobre los miedos de cada uno y sobre la forma en la que nos enfrentamos a ellos, sin pararse a pensar en lógica o en porqués, simplemente plantea su visión y la plasma a través de los ojos del trío protagonista. En este sentido, Dante es fiel a su filosofía, no engaña a nadie y no rebusca para nada.

Otro de los puntos más nostálgicos de la cinta reside en su reparto, sobre todo en el apartado de secundarios, donde nos topamos con Bruce Dern, uno de los actores fetiche de Dante que colaboró con él No matarás al vecino (1989) (otra de las clásicas del director), Pequeños guerreros y varios episodios de CSI Nueva York. También encontramos (sin acreditar) a Dirk Miller, otro de los fetiches de Dante con el que ha trabajado en prácticamente todas sus películas, incluida su etapa en televisión con Cuentos Asombrosos, producida entre otros por Steven Spielberg, compañero de Dante durante los ochenta en la producción de algunos de sus títulos.

Es quizá una cinta para reencontrarse con el director años después de su lamentable regreso con Looney Tunes: De nuevo en acción (2003). Aquí si se palpa la verdadera esencia del cine de Joe Dante, evolucionando muy poco pero también manteniéndose fiel a sus principios. El resto del reparto no es precisamente una maravilla pero las exigencias del guión tampoco hacían necesario un “cast” más elaborado. Todos cumplen (incluida Teri Polo como la clásica madre ausente pero preocupada por sus hijos) y hacen que la película funcione en su conjunto.

Miedos 3D aprovecha el formato en algunos momentos, pero tampoco se puede hablar de una cinta imprescindible para verla en tres dimensiones. Prácticamente las escenas “de miedo” o los títulos de créditos son los que más jugo sacan a la nueva moda audiovisual. Dante pone su mejor hacer en un producto fácil, bien hecho (sí uno conoce su obra no le sorprende nada) y que puede ser un bonito pasatiempo para una tarde ociosa. De seguro que si Jerry Goldsmith estuviera vivo, habría orquestado una hermosa partitura para Dante, como todas las que hizo para el director, ya que la música siempre fue importante en su cine. Marca y remarca los momentos más intensos y aquí la labor del español Javier Navarrete (también se encargó de otros proyectos “made in USA” como Reflejos (Alexandre Aja, 2008) o Corazón de tinta (Iain Softley, 2008)) hace una efectiva música aunque no exenta de los clichés que requiere este cine.

A pesar de que haya pasado bastante desapercibida por taquilla, Miedos 3D nos ofrece la posibilidad de descubrir a un director casi en peligro de extinción (si es que no lo conocemos todavía) y disfrutar de una historia entretenida que bien se podría resumir también en un episodio de unos cuarenta minutos.