Mission: Impossible - Ghost Protocol ● 2011 ● USA ● 2h 12min
★★★★

Misión Imposible: Protocolo Fantasma

Si algo ha caracterizado a Brad Bird ha sido sin duda su espíritu de innovador en cada una de las producciones animadas en las que se ha visto involucrado, sobre todo aquellas en las que se ha puesto la gorra de director. Demostrando todo su buen hacer, títulos como El gigante de hierro (1999) o Los Increíbles (2004) siempre han supuesto películas de necesaria visión no sólo para comprender el género, sino para ver lo que subyace tras ellas y de cómo la animación es más que cuatro muñecos moviéndose.

Fui yo uno de los que recibió con sorpresa el anuncio de que iba a ser él quien se encargase de dirigir Misión Imposible: Protocolo Fantasma, más que nada porque acostumbrado a la animación y todo lo que conlleva, se me planteaban ciertas incógnitas referentes al trabajo con actores reales.

Pero antes de meternos en faena, ¿era necesaria una cuarta película?. Misión Imposible: Protocolo Fantasma hereda ciertos elementos y/o personajes de su anterior, quizá la más fresca y entretenida de una saga que ha necesitado siempre de cierto gusto para salir adelante. La famosa agencia FMI ha sufrido un ataque y se la intenta acusar de un terrible atentado en Moscú. Su cierre temporal (seguramente definitivo) ha obligado a Ethan Hunt (Tom Cruise) a buscarse la vida. Junto a tres agentes más, deberá desenmascarar todo.

Al igual que las anteriores entregas, el alma y protagonista de la función sigue siendo Tom Cruise. Productor y absoluta “star” de la película, el actor nos vuelve a dejar un papel que encaja a la perfección con sus anteriores trabajos dentro de la saga. Como siempre, o más interesante es quien está detrás de ella y Brad Bird, sin demostrar nada, consigue entretener y para nada aburrir. Es quizá, otra de las cosas que hereda de Misión Imposible III (2006) en donde J.J. Abrams (aquí productor) le dio el aire necesario a la saga.

Misión Imposible: Protocolo Fantasma reúne además numerosos elementos que fusionados y muy bien dispuestos, convergen en una historia de factura correcta, sencilla y hasta ciertamente clásica. Un pre-genérico (algo que ya tenían todas) para presentarnos al equipo, un elaborados títulos de crédito (no falta la melodía de Schiffrin), buenas y bien administradas, dosis de acción con unos efectos especiales bien situados… son elemento que junto a las pretensiones como producto comercial, la convierten en una cinta divertida que no cansa ni a la de tres.

Es precisamente uno de los aciertos de su guión, esa alternancia entre lo espectacular y el thriller, algo que en ocasiones tiende desvirtuarse y todo se va al truco visual, al efecto sorpresa, dejando a un lado quizá lo más interesante, el hecho de que avance la historia, el seguir proporcionando pistas al espectador. Brad Bird y sobre todo Appelbaum y Nemec (guionistas) administran de forma muy correcta (casi nos podemos remitir a la primer película de la saga) ambos ingredientes.

Hay espectaculares secuencias, todo hay que decirlo. No faltan los gadgets, coches de lujo, chicas explosivas (no muchas, eso sí)… todo un arsenal que Bird dispone efectivamente en una película sin pausas pero sin prisas. Todo está en su justa medida.

En cuanto al elenco interpretativo, Cruise, ya dijimos, intenta que nadie le haga sombra (simplemente espectacular la secuencia completa de Dubai). Se reserva lo más especial, pero no deja tampoco sin escena tanto a Pegg (ese pasillo del Kremlin, quizá una de las mejores secuencias de toda la saga), a Patton (la seducción al personaje de Amil Kapoor resulta algo bochornosa) como a Renner (la entrada en la sala de seguridad nos remite a la escena de la CIA en Misión Imposible (1996)). Cada uno tiene lo suyo, pero Cruise los orquesta de manera especial.