Nación cautiva

Captive State (Rupert Wyatt, 2019)
Su ansia de tocar demasiadas historias, le pasa factura
★★★★★

Tras el espléndido reinicio de la saga con El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011), su director abandonó la ciencia ficción para contarnos el thriller El jugador (2014), pero no contento con ello, con Nación cautiva (2019) regresa al género que lo consagró hace ocho años y una vez más demuestra su capacidad para mezclar lo fantástico con lo real, y siempre con un telón de fondo crítico.

Estamos en un futuro, en la ciudad de Chicago. Hace años, los humanos recibieron la visita de una especie alienígena con la que tuvieron que llegar a un acuerdo para evitar nuestra extinción. Aquel acuerdo nos sometía a sus leyes y normas. Pero un grupo de rebeldes pretende dar un golpe en la mesa y devolver a la sociedad humana el control de nuestro planeta.

District 9 (Neill Blomkamp, 2009) utilizaba el género de la ciencia ficción para contarnos el reto social de la integración, de cómo vemos a los extraños en nuestra sociedad. Aquí Wyatt nos cuenta el “qué pasó después” con una película que destila un muy buen ritmo durante su primera mitad y que parece desinflarse un poco en el tramo final, sin un espectacular desenlace. Si la intención era crear una atmósfera desasosegante y en donde la desconfianza está a la orden del día, lo ha conseguido.

Wyat no es un director de escenas/secuencias espectaculares, más bien prefiere contar las cosas desde un punto de vista más reducido, más concreto. Pero el problema de Nación cautiva viene derivado de sus diversos hilos argumentales que, aunque todos tienen un nexo común, parece difuminarse dejando muchas respuestas sin dar. Es quizá su principal pega, porque por lo demás, la película está bastante bien contada.

Nación cautiva nos habla del control del estado, de cómo éste mueve los hilos para salirse con la suya, para averiguar lo que quiere averiguar, es una película que prácticamente se puede encajar en cualquier tiempo actual. También nos habla de la necesidad de defendernos, de cómo nos enfrentamos a esos instrumentos gubernamentales.

Nación cautiva.

Es este segundo enfoque el que quizá más interese, y por el que Wyatt se postula. Lo hace a través de la historia de dos hermanos, separados hace tiempo y que deben volver a unirse para hacer frente al enemigo común, los alienígenas, ya que ellos están convencidos de que los humanos somos meras marionetas y de que en cuanto se terminen nuestros recursos naturales, nos darán un patada y nos dejarán en un planeta prácticamente muerto.

A nivel técnico, Nación cautiva tiene pocas pegas. El uso de tecnología CGI está muy bien implementado, tanto en escenas/planos con mucha importancia, como para pequeños detalles. Wyatt como ya demostró, sabe muy bien combinar lo digital con lo tradicional, y la cinta tiene un pequeño aire “retro” sin olvidar lo contemporáneo de su propuesta.

Quizá tampoco haya acertado Wyatt en la elección del reparto, donde prácticamente no nos suenan demasiadas caras, y las más conocidas se llevan personajes un poco desdibujados, a los que les falta algo más de historia.

Aún con sus pegas, hay que tener en cuenta que Nación cautiva es una película poco convencional. Que nadie se espere una cinta de ciencia ficción con batallas espectaculares o con escenas de acción, porque no es el caso. Wyatt quiere contar lo que hay detrás, quiere contar la lucha de los humanos, todo ello a través de varias historias.

Una película que se disfruta pero que no está hecha para todo tipo de público. Hay que tener muy en cuenta qué es lo que se va a ver y si estamos o no dispuestos a entrar en ella.

Ficha técnica

Guión
Erica Beeney, Rupert Wyatt
Dirección de fotografía
Alex Disenhof
Música
Rob Simonsen
Montaje
Andrew Groves
Formato
2.35:1
Nacionalidad
USA
Duración
109 min.
Distribución
eOne
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