Objetivo: Londres
London Has Fallen ● 2016 ● Reino Unido-USA-Bulgaria ● 1h 39min
”Innecesaria y cinematográficamente plana.”
★★★★






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Vaya por delante, la honestidad con la que (necesariamente) uno tiene que ver Objetivo: Londres (Babak Najafi, 2016), ya que hasta ella misma es consciente de lo que supone ser un “blockbuster”, de lo que supone contar lo que cuenta y de cómo lo hace. Y es que Objetivo: Londres no va a aportarnos nada nuevo, nada digno de destacar, salvo que la película busca entretenimiento sin complicarse mucho, en base a los clásicos ideales americanos. Una auténtica delicatesen cinematográfica.

Antoine Fuqua abandona la secuela de su cinta Objetivo: La Casa Blanca (2013) para centrarse en su particular versión de Los siete magníficos (la que nos espera), y deja el relevo al director iraní Babak Najafi. Evidentemente el cambio se nota, sobre todo en el tema técnico. Todo un videojuego.

También hay que ser consciente de lo que conlleva Objetivo: Londres. Un guión en el que los Estados Unidos salen como verdaderos héroes, combatiendo el terrorismo con la misma moneda. No es, en este sentido, una película demasiado nueva, es un hecho muy visto en el cine de Hollywood, y no precisamente ahora.

Es el enorme estado americano, la tierra de las libertades y oportunidades, la que se encarga de “limpiar” el mundo de terroristas, la de asegurar la paz mundial, y después todos los males le vienen a ella. Todo ello en cinta que trata de autoafirmar a Estados Unidos como libertadores de toda opresión.

Objetivo: Londres tampoco se molesta en poner otra visión, no es lo que la interesa y tampoco se la puede exigir demasiado en este punto de vista. La cinta es consciente de lo que es y como tal juega en esa “liga”.

Gerard Butler, Aaron Eckhart, Angela Bassett, Radha Mitchell, Robert Forster y, como no, Morgan Freeman, repiten los roles que hicieron hace tres años, con pocos matices nuevos que el espectador no conozca. No saca nada nuevo de los personajes salvo una evolución lógica y sutil.

Ahora la acción se traslada a la capital británica donde en un funeral de estado se producen diversos atentados que terminan con la vida de algunos de los presidentes mundiales. El agente del servicio secreto Mike Banning, deberá proteger de nuevo al presidente Asher.

Objetivo: Londres deja en evidencia un cine excesivamente patriótico e incluso que roza lo fascistoide (y cuidado que no está Michael Bay de por medio). Sus alabanzas a lo bueno que son los americanos y su capacidad para meterse en problemas ellos solos, son una muestra.

Lo curioso del tema es que la película la protagoniza un escocés y la dirige un iraní. Resulta cuanto menos llamativo. Al final de todo este conjunto de explosiones, diálogos vacíos y personajes con escasa o nula profundidad, queda una cinta que entretiene, que no da lugar a sorpresas y que deja claras sus cartas desde el principio.

Todo lo que se nos quiera vender luego es algo meramente publicitario, comercial y con cierto sabor rancio, porque que quede claro que Objetivo: Londres no cuenta absolutamente nada nuevo.