Ocho apellidos vascos ● 2014 ● España ● 1h 38min
★★★★★

Ocho apellidos vascos

Una comedia agradable de ver y con mucho sentido del humor.

La carrera de un director tan afin a la comedia como Emilio Martínez-Lázaro, tiene grandes hallazgos como Amo tu cama rica (1992), Los peores años de nuestra vida (1994) o El otro lado de la cama (2002). Su anterior trabajo, La montaña rusa (2012) apenas había pasado con pasos firmes por la cartelera, pero el acierto de Ocho apellidos vascos, le ha dado la oportunidad de reencontrarse con el público y, muchos, han descubierto un director con buen pulso para la comedia.

Ocho apellidos vascos es la historia de Rafa, un sevillano que, por amor, viaja hasta el País Vasco para encontrar a Amaia, la joven de la que se ha enamorado. Pero la familia de Amaia no tolera en exceso a los andaluces, por lo que Rafa deberá hacerse pasar por un vasco de pura cepa.

A priori, la cinta parece una historia de amor (que lo es, aunque muy por debajo). Sí, el amor hace que hagamos cosas que, por lo general no haríamos, eso es innegable. En la película quizá esto sea una pequeña excusa para lo que realmente subyace detrás de su fresco guión (escrito por el director Borja Cobeaga y Diego San José (salido de la factoría televisiva de Vaya Semanita)). La idea de reirnos de los tópicos que hay sobre vascos y andaluces, es lo que sale a la superficie en esta comedia. No hay trampa ni cartón, nunca lo ha habido en las historias de amor de Martínez-Lázaro y ésta no va a ser menos.

Su retrato de personajes que simpatizan al momento con el espectador, es un punto más a su favor. Tanto Rafa (interpretado por el cómico Dani Rovira), como Amaia (una extrañamente correcta Clara Lago), Koldo (espectacular (sí, habéis leído bien) Karra Elejalde) o una anecdótica Carmen Machi (poco a poco va teniendo su protagonismo), están llenos de tópicos, pero además de historias pasadas que, de alguna forma, marcan su forma sin evitar estos tópicos. Son personajes bien construidos, simples y con bastante poco que rascar.

La ingente cantidad de situaciones cómicas, la mayoría de ellas ya desveladas en los tráilers y clips promocionales (tirón de orejas para sus responsables), son quizá la principal baza de Ocho apellidos vascos. Y es que la película deambula por pequeñas escenas conectadas entre sí, que hacen que todo fluya con cierta gracia y chispa, pero la cinta, poco más nos va a contar que no hayamos visto/oído.

A grandes rasgos, la película es muy entretenida, puede causar risa en muchos momentos y los personajes simpatizan al segundo. Hay buen rollo en ella y las buenas intenciones de soliviantar esa cantidad de tópicos que siempre ha habido sobre las zonas de nuestra geografía pero que, de alguna forma, nadie se ha atrevido a abordar con humor de esta forma tan directa (y más en una película de cine).

Ocho apellidos vascos (que ya tiene secuela en camino) es cine agradable, entretenido y que da un cierto respiro a la escasa lista de títulos de éxito de nuestro cine. No obstante, ha sabido sacar muy buen partido al material del que parte, y se ha hecho un pequeño hueco en los corazones de sus espectadores, que no han sido pocos, precisamente.