Oculus ● 2013 ● USA ● 1h 44min
★★★★★

Oculus. El espejo del mal

A pesar de sus esfuerzos, la película no logra todo el interés necesario.

La trayectoria del norteamericano Mike Flanagan siempre se ha desarrollado en el terror (más próximo al suspense al género propiamente dicho, también conviene decirlo). Flanagan filmaba en el 2006 un cortometraje bajo el título de Oculus: Chapter 3 – The Man with the Plan, sobre un periodista que trataba de demostrar las capacidades sobrenaturales de un espejo. Aquel ornamento de pared, le ha servido como fuente de inpiración para esta Oculus. El espejo del mal, cinta que comparte algunos elementos con aquella breve historia.

Kaylie y Tim Russell son dos hermanos que quedaron huérfanos en terribles circunstancias. De aquello, Tim fue declarado culpable e internado en un hospital psiquiátrico. Años después, su hermana está decidida a demostrar su inocencia, y para ello quiere comprobar que el verdadero causante de la muerte de sus padres fue un misterioso espejo.

A pesar de que se nos intenta vender Oculus. El espejo del mal como heredera de títulos de éxito como Paranormal Activity (Oren Peli, 2007), o Insidious (James Wan, 2010), lo cierto es que poco comparte con ambas. Oculus. El espejo del mal es una cinta más cercana al thriller de terror que al propio género. Flanagan juega con una historia (algo que es de agradecer, y mucho) y sobre ella va construyendo a base de flashbacks cada vez más mezclados entre sí, la historia que subyace en la película.

Ha contado con la escocesa Karen Gillan (a quien veremos en Guardianes de la Galaxia (James Gunn, 2014)) para dar protagonismo a un personaje frío, con el que apenas simpatizamos. Una lástima porque podría convertirse en la perfecta conductora de la historia. No aporta demasiado a la película, y ni siquiera su presencia merece especial mención, salvo porque es la protagonista.

Oculus. El espejo del mal es una cinta que exige al espectador, cosa rara en el terror, donde siempre se suele dar todo masticado para que el disfrute sea más visual que otra cosa. Aquí, aunque si hay alguna escena visualmente interesante, quien más debe esforzarse por seguir la historia es el propio espectador. Flanagan lo sabe y para ello se ha valido de un montaje (del propio Flanagan) y una narración, que sin duda son lo más destacado de la cinta.

La película, a grandes rasgos, es interesante de ver, pero sus insistencia en algunas cosas quizá no la convierte en una película redonda. Aún así, para ser la segunda obra de su realizador, las cosas no le han salido nada mal y apunta maneras.