Overlord
★★★★★

Overlord |(Julius Avery, 2018)

Una atrevida mezcla cuyo resultado es un descafeinado entretenimiento.

Bajo la tutela en la producción de J.J. Abrams, ese hombre que parece que todo lo que toca lo convierte en éxito, la segunda película de Julius Avery (debutó tras varios cortometrajes, en el 2014 con Son of a Gun, con Ewan McGregor) nos traslada hasta la mismísima Segunda Guerra Mundial, en una mezcla poco transitada en el cine, como es la de ambientar una cinta que roza el género de “zombies” en una época histórica más tocada por el drama que por el cine de género.

Overlord (en clara referencia a la famosa operación militar), sigue a un pequeño grupo de soldados que, tras un lanzamiento de emergencia, van a parar a una pequeña villa donde deberán destruir una torre para que los aliados avancen. Sin embargo debajo de la torre se esconde un laboratorio nazi secreto donde experimentan con seres humanos, tratando de buscar el soldado perfecto.

Abrams tiene buen ojo (o suele tenerlo) para acertar con historias que, sin olvidar el toque fantástico que tanto le gusta, tienen algún que otro elemento que las convierte en pequeños éxitos. Lo ha hecho con el universo cinematográfico de Cloverfield. Ahora se desvincula y le da todo su apoyo a Julius Avery, en una cinta entretenida aunque no termina de cuajar en varios aspectos.

Overlord entretiene, de eso no hay duda. Su historia y su ritmo generan interés, nos dejamos llevar por una historia que mezcla lo fantástico con lo real, todo ello en la época hostil del conflicto bélico mundial. Un escenario reducido, un pequeño pueblo, un laboratorio secreto, un científico loco… son ingredientes muy clásicos que aquí se mezclan con buenas intenciones.

Sin embargo después de ver Overlord, uno no termina de pensar que la historia podría haber dado mucho más de sí y que la importancia que se le da a los personajes, aquí está prácticamente eclipsada por la historia. Sí, los personajes nos importan, pero no hay demasiada información sobre ellos, da la sensación de que no se quiere que nos importe.

Hay, quizá, demasiada presentación, no hay excesiva acción (la que hay es bastante modesta, también es verdad), y los actores tampoco es que terminen de emocionarnos (tenemos por ahí al hijo de Kurt Russell). Pero Overlord no busca tampoco remover conciencias, y ni muchos menos es un drama bélico (aunque a veces intenta meter elementos de drama con un mal resultado). Su único propósito es la ofrecernos una visión menos dramática de lo que pasaba, todo ello decorado con un halo de ciencia ficción, que consigue atraparnos.

Es una película muy entretenida, como digo, pero no llega a nada más. No nos importan los personajes, aunque si que nos preocupa un poco lo que les pase. Y en momentos da la sensación de que todo parece estar demasiado previsto para que suceda (sí, cierta previsibilidad). Pero a la historia se la perdona.

Avery ha contado con rostros prácticamente desconocidos, lo que evita que nos podamos fijar más en unos personajes que en otros. Su desenlace resulta un poco descafeinado, y además poco emocionante. Pero como digo, su propósito no es ninguno que no sepamos. La película busca lo que busca y si entramos en su juego, lo consigue.

Avery se ha atrevido a mezclar de forma más interesante, el terror (aunque tampoco hay mucho), con la Segunda Guerra Mundial y aunque nos puedan resultar familiar ciertas cosas (algunos hablan de referencias al videojuego Wolfenstein), arriesga en algunas escenas, pero se acomoda en gran parte de su metraje.