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Gisaengchung
(Bong Joon Ho, 2019)
★★★★
Ácida, dura, hilarante... una película completa que podría ser perfecta

Parásitos

Interesante propuesta la del cineasta coreano Bong Joon Ho con Parásitos (2019). El director parece aferrarse a su particular estilo marcado en los últimos tiempos, con cintas como Snowpiercer (Rompenieves) (2013) o incluso Okja (2017) en donde era capaz de arremeter contra las grandes corporaciones sin olvidar temas como la ética o la moral. Parásitos es menos grande que aquella (en cuanto a «enfretamiento» de personajes), pero si carga es igualmente demoledora.

Una familia que vive en un sótano bajo condiciones muy lamentables se busca la vida como puede con trabajos puntuales o haciendo alguna chapuza. Un día, un amigo del hijo mayor, le da la oportunidad de dar clases a una familia rica, los Park. A partir de ese momento, entra en escena un peligroso juego de mentiras con el objetivo tan simple de vivir.

Resulta casi inevitable despertar empatía por la familia protagonista, una especie de supervivientes urbanos que, en ocasiones, rozan casi la parodia (esa casa, ese cuarto de baño, lo que comen, buscando wifi gratis, los borrachos que orinan junto a la ventana…) pero que en el fondo no es más que una crítica tan profunda como desesperante.

Es en esos aspectos en donde Joon Ho añade su toque cómico tan característico y que bien puede pillar por sorpresa a muchos. Su retrato de la precariedad (algo que ya ha mostrado en otras ocasiones) siempre está bien definido, no ya sólo por las acciones sino también por los personajes.

Choi Woo Shik, Song Kang Ho, Chang Hyae Jin y Park So Dam

Y es que aquí son un elenco de personajes cada uno con sus habilidades. Y son precisamente esas habilidades las que utilizan para su objetivo. Este punto me parece muy interesante, ya que en ningún momento estamos hablando de personajes excesivamente caraduras, sino de personajes con cierta honestidad, con cierta capacidad, que utilizan sus conocimientos para sobrevivir.

La comparativa social es más que evidente, el director lo marca casi continuamente. Mientras por un lado tenemos a esta familia de “marginados” por otro lado tenemos a los Park, una familia de clase alta, que vive en una casa espectacular y que también tienen defectos. Esta claro que quien tiene que sobrevivir se busca más las castañas que el que lo tiene prácticamente todo. Este punto está muy bien reflejado en la película, con el personaje de la señora Park.

Pero dentro de toda esta historia, que parte de un guión muy bien escrito y con personajes muy bien definidos, tenemos algunas cosas que resultan un poco cargantes, como es su tramo final. Esa especie de caos representado en la fiesta de cumpleaños (curiosa la historia sobre el niño y su trauma), en donde finalmente se encajan las piezas para que todo quede bien terminado. Quizá es lo que chirría un poco.

Aún así, Parásitos es una cinta con muchísimas capas, con muchos detalles, llena de carga social y muy bien rodada. Está casi continuamente metiéndonos en los dos lados, dándonos detalles, metáforas, jugando con la desesperación de los personajes, con su paciencia (y con la del público). Es una película llena de matices.

Parásitos habla igualmente de la condición humana, de lo imprevisible, de los planes (un elemento en la trama importante y que poco a poco va teniendo su peso)… Es una película sumamente plena y que, a pesar de su excesivo desenlace, resulta gratamente interesante.