Point Break: Sin límites
Point Break ● 2015 ● USA-Alemania-China ● 1h 54min
”Desde luego, no hace ningún favor a la cinta original.”
★★★★★






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Que tenga detrás la coletilla de “remake de”, no significa que esta nueva versión del clásico de Kathryn Bigelow Le llaman Bodhi (1991), vaya a ser un calco (con sus mas y sus menos) de aquella original, ni mucho menos.

En esta ocasión y tras una selección de sus “best moments”, nos llega una cinta hecha en serie, sólo como hoy en día se hace casi todo el cine de acción, sin importar en demasía elementos como la relación entre personajes o la historia. Podemos estar tranquilos, es una película de digestión rápida.

Aunque ha habido variaciones en algunos aspectos de la historia, en esencia Point Break: Sin límites (Ericson Core, 2015) viene a ser lo mismo pero tuneado para nuestros días. Su responsable, director de fotografía de algunos títulos punteros del género, se ha encargado de maquillar con una espectacular imagen, un título que deja absolutamente frío e indiferente a todo aquel que lo ve.

Si la cinta de Bigelow (ya se que las comparaciones son odiosas, pero inevitables en muchos casos), tenía ese halo de pequeña película de acción, con un imberbe Keanu Reeves convertido posteriormente en héroe de acción, con secuencias tan espectaculares como aquella carrera entre dos, con ese villano tan carismático y místico al mismo tiempo como Patrick Swayze… en ésta, todo eso se diluye, no hay siquiera algún personaje que nos genere cierto interés/simpatía.

Todo está demasiado medido, demasiado decorado, puesto para ser sumamente superfluo… No hay mucho donde rascar en una película que, básicamente, se vanagloria de su buena fotografía, pero poco más tiene que demostrar o enseñar.

Bebiendo de títulos de acción, como A todo gas (Rob Cohen, 2001), donde precisamente Core hizo la fotografía, las escenas de acción están bien rodadas, con ritmo tanto visual como sonoro, los actores saben cómo moverse, no hay mucho margen para dudar de que Core sabe manejarse en la acción.

Pero salvo su forma, que tampoco podemos ponerle muchas pegas, el resto no hay más. Luke Bracey, también imberbe, apenas aporta drama a la cinta, y eso que tanto él como Core se esfuerzan porque la cosa no parezca un video promocional de una famosa marca de bebidas energéticas con un toro rojo como logotipo; o incluso un anuncio de perfumes para hombres.

Point Break: Sin límites tampoco cuenta con algo esencial, un villano con carisma que te caiga bien, algo que la cinta de Bigelow tenía a su favor. El venezolano afincado en Estados Unidos Edgar Ramirez, a quien hemos visto en muchas películas, se confirma como el nuevo Bodhi (ojo, aquí dicen que es venezolano, para justificar el descafeinado preámbulo del desenlace final). Pero Ramirez no tiene carisma y eso que lo intenta, no tiene ese toque surfero que quizá le habría ido mucho mejor (lo del surf aquí es casi como una excusa).

Como colofón al conjunto de despropósitos, el inefable guión de Kurt Wimmer (con una trayectoria tan apasionante como la de Core), se congratula de introducir cierto misticismo en la justificación de las acciones del villano y sus compinches, como si fuera a ayudar a levantar una historia muerta desde el principio.

Point Break: Sin límites es cine de acción de hoy en día. Vacío, muy provisto de armas visuales, de intenciones poco interesantes y de la única sombra de una película clásica que en su día encandiló a muchos y que con el paso del tiempo se ha convertido en un clásico. Desgraciadamente su revisión será una cinta más olvidable que recordada.