Prisoners ● 2013 ● USA ● 2h 33min
★★★★

Prisioneros

Volvemos la vista atrás (no mucho) y nos topamos con el thriller Prisioneros, donde vemos a Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal en un duelo intenso.

Con el paso de los años, el género de thriller parece haber topado con multitud de historias a las que les cuesta mucho sacarles jugo. Al final, muchas de las historias, se terminan encajando en un puzzle que, repetidamente, ha encontrado su fórmula mágica, fabricando cintas de género con más cosas en común que otras diferenciadoras.

A la hora de sacar algo nuevo de Prisioneros, quizá deberíamos pararnos a pensar en su forma, más que en su fondo. La cinta del canadiense Denis Villeneuve (a quien muchos descubrieron con su cinta Incendies (2010)) desgrana casi hasta la mínima expresión, un género agotado con el paso del tiempo pero que nunca deja indiferente a nadie. Prisioneros analiza desde dos puntos de vista, la historia de un secuestro. La historia de Keller Dove, un hombre católico y conservador, cuya hija es secuestrada junto a la de un vecino durante la tarde del día de Acción de Gracias. A partir de entonces, sus propios principios y su moral, se verán absolutamente trastocados.

Hay tres elementos clave que Villeneuve se ha permitido analizar dentro de la simple trama que comprende Prisioneros. Por un lado la figura del héroe, más próxima al justiciero que a otra cosa, la figura de un padre desesperado que, a pesar de romper absolutamente todos sus principios (con los cuales ha construido tanto su vida como su familia) es capaz de cualquier cosa. Por otro lado, está la ley, reflejada en el sereno personaje de Jake Gyllenhaal, cuya interpretación quizá sería la más destacable de toda la película. Y por otro lado las víctimas, aquí reflejadas en los auténticos autores del suceso que desencadena toda la historia.

Tres elementos que, muy bien manejados e hilvanados conforman uno de los thriller más interesantes de los últimos años, fusionador de la estética nórdica (que la trilogía Millennium puso tanto de moda) y la intriga más comercial “made in Hollywood”. El resultado es una cinta que, a pesar de adolecer de un metraje excesivo, no llega a cansar.

Villeneuve se ha tomado su tiempo contando la historia, y apoyado por el sólido guión de Aaron Guzikowski (Contraband (Baltasar Kormákur, 2012) con Mark Wahlberg, precisamente productor ejecutivo de esta Prisioneros) y presenta, desarrolla y finaliza muy bien los hechos, tejiendo entre ambos, una obra concisa, contundente y, aparte de intensa, bastante entretenida.

No quita para que tenga cierto aire de sobremesa, si no fuera por su notable empaque técnico (esa atmósfera tan fría creada con la imagen del británico Roger Deakins (nominado 10 veces a los Oscar) y la música casi agónica de Johann Johannsson, que aporta más incógnitas a la cinta). Pero a la vista queda que el desarrollo de ésta es más cinematográfico que otros productos similares y televisados.

Ya hemos dicho que Prisioneros no ha venido para sentar cátedra. La cinta hace uso de unos cuantos elementos comunes y típicos del género (pistas falsas, personajes en los que no sabes si confiar…) pero no por ello deja de ser interesante su planificación, con más aciertos que faltas.

El elenco interpretativo está bastante correcto, siendo, como hemos comentado anteriormente, Jake Gyllenhaal quizá la cabeza más sobresaliente de todos. Jackman, a pesar de su comedido esfuerzo, no deja tampoco claro si ha conseguido quitarse el “sanbenito” de Lobezno, y es que es un actor correcto al que tampoco se le puede exigir demasiado, y su personaje, a pesar de tener prácticamente toda la carga de la historia, deja ver sus cartas muy pronto y sus reacciones llegan a ser un poco previsibles. Una lástima que Maria Bello, siempre espléndida, no pase en esta película, por su mejor momento.

Prisioneros es una película intensa, con cierta crudeza y que plantea serias dudas (y críticas) a nuestra sociedad.