(Steven Spielberg, 2018)
Ready Player One ● 2018 ● USA ● 2h 20min
★★★★★

Ready Player One

Cuando te das cuenta de que no has sabido crecer lo suficiente.

Si echamos un poco el ojo a las últimas películas de Steven Spielberg, nos podemos hacer una idea de que el director de clásicos como Minority Report (2002) o Parque Jurásico (1993) podría haber abandonado su estilo más comercial y más próximo al entretenimiento puro y duro, y haber ahondado en historias mucho más serias. Y no resulta, para nada, descabellada esa idea, sobre todo a tenor de lo visto en lo que pretende ser un pequeño recordatorio en plan “eh, sigo aquí, todavía puedo entretenerte” que es lo que resulta su Ready Player One.

Pero dentro de sus limitaciones como “mago”, Spielberg no puede hacer nada contra el tiempo, salvo adaptarse o morir. Su intento de adaptación con esta cinta tan superficial como hipnótica a nivel visual, lo llevan a una discusión entre sus acérrimos: ¿está Spielberg ya caduco o no? Es una pregunta que admite respuestas de todo tipo, pero en mi opinión, ha perdido parte de su magia, algo natural en un realizador que, prácticamente lo ha dado todo y ha tocado todo. Aunque, la verdad, no tiene que demostrar nada.

La adaptación de la novela de Ernest Cline, nos lleva a un mundo en donde los ciudadanos se entretienen siendo personajes virtuales, dentro de un mundo llamado OASIS, y en donde cuyo creador, ya muerto, ha dejado a modo de legado millonario, una especie de reto para el que el protagonista parece estar destinado a cumplir.

A grandes rasgos, Ready Player One, viene a actualizarnos dentro del género de las cintas de acción, de las películas más sencillas de hace veinte o treinta años. Spielberg no quiere reinventar, sino actualizar aquel cine tan honesto y tan falto de aspiraciones a niveles intelectuales. Y lo consigue, a través de una trama tan encorsetada, y unos personajes absolutamente olvidables.

Esto puede verse como un defecto o como algo intrínseco de la historia, aunque muchos preferimos verlo como lo primero (y no precisamente para sentenciar a Spielberg), y es que para que una historia funcione y/o enganche, es necesario contar con personajes carismáticos, interesantes, cuyas acciones demuestren… aquí no hay nada de eso. Vemos personajes con bastante poca profundidad y que realmente nos importan poco o nada. El espectador se convierte única y exclusivamente en eso, en un espectador, y no en un partícipe de la historia.

No le vamos a negar lo evidente. Spielberg ha cuidado hasta el último detalle a nivel visual, dejándonos una de las películas más espectaculares (visualmente hablando) de los últimos años. Todo ello por obra de las últimas tecnologías y de una infinita cantidad de guiños a la cultura pop de los ochenta, algo tan de moda últimamente que aún sigue sorprendiendo a muchos y agotando a unos cuantos (me incluyo).

Bajo la capa de personajes virtuales, reales (y anodinos), villanos con escaso carisma (Ben Mendelsohn es buen actor, pero sus villanos no terminan de ser… villanos), persecuciones con más ruido que otra cosa… subyace una historia sobre las grandes corporaciones, sobre sus aspiraciones megalómanas, sobre sus intentos de controlar todo lo grande, lo que triunfa. Lástima que ese discurso, que ya ha tanteado con mejor fortuna en otras películas, se volatilice solo en los primeros minutos de película.

Spielberg parece olvidarse de esta trama, y centra todos sus esfuerzos en demostrar lo bueno que es planificando, dirigiendo y planteando escenas espectaculares. Insisto, ya no tiene que demostrar nada a estas alturas. Todo ese rollo de que vivimos en una sociedad en donde prima lo virtual, ese lado “visionario”… sí, vale, pero… a Spielberg algunos le exigimos algo más.

Ready Player One se hace hasta incluso larga y tediosa en ciertos pasajes. A pesar de lo previsible de su trama y de lo encorsetado de muchas de sus secuencias, en algunos momentos parecemos sufrir por sus personajes, pero son muy poco, y no compensan con el resto de escenas que, reiteran de nuevo, la idea de demostrar lo espectacular que ha querido hacer su director esta película.

A esta previsibilidad, hemos de sumar algunos aspectos de la trama bastante insulsos que parece que tendrán cierta relevancia y al final resultan anecdóticos y meras excusas para… sí, más guiños cinematográficos.

Una pena que Spielberg no haya sabido amoldarse a los nuevos tiempos. Pero se agradece que el otro director de títulos algo más interesantes como Los archivos del Pentágono (2017) o El puente de los espías (2015), siga perfectamente en forma y dispuesto a darnos más alegrías que penas. No podemos decir lo mismo de aquel director que nos encandiló a muchos y que siempre tendrá un lugar en nuestros corazones.